Diario de León

Los desastres naturales y el terrorismo no intimidan a los turistas españoles

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Mateo Balín - madrid
León

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Turoperadores, agencias de viajes, compañías aéreas y cadenas hoteleras pueden dormir tranquilos. A pesar de los fenómenos ambientales extremos y la amenaza terrorista latente en diversos destinos, el turista español ni siente ni padece. Sigue viajando al extranjero con frecuencia, aprecia cada vez más los países exóticos y, aunque sufre levemente el efecto postraumático de un terremoto como el de Perú o el brutal atentado de Yemen, no se amedrenta ante las amenazas externas. Es más, nuevos viajeros visitarán en octubre este territorio de Oriente Próximo. Los datos revelan que lejos de que estos fenómenos cundan en el ánimo, los viajeros españoles hacen más maletas al extranjero. El pasado año se superó por primera vez la barrera de los 10 millones de desplazamientos y en lo que va de 2007 se estima que ya se han alcanzado los ocho millones, pudiéndose cerrar el curso en una orquilla de entre 12 y 14 millones de viajes: récord absoluto. Más turismo internacional Estas cifras confirman que la compra de billetes crece de manera «razonable» y no se ve afectada por ningún factor de riesgo, señala José Manuel Maciñeiras, presidente de la Confederación Española de Agencia de Viajes y Turoperadores. Desde el sector empresarial sí se reconoce, en cambio, un pequeño retroceso de la demanda en circunstancias excepcionales como la muerte de siete españoles en Yemen o el huracán de Yucatán -México-. Entonces se producen cancelaciones puntuales, el ritmo de reservas se paraliza y el turista que iba a viajar a algún destino afectado cambia de ruta a última hora. «Son problemas coyunturales. En la mayoría de las ocasiones tanto turoperadores como agencias de viajes prevén estas contingencias», aseguran en la Secretaria de Estado de Turismo y Comercio. El mejor ejemplo fue el huracán «Dean». La noche del pasado lunes unos 4.500 españoles se encontraban de vacaciones en Cancún cuando cruzó el potente ciclón. Otros tantos habían podido abandonar la península mexicana horas antes e, incluso, cambiar de emplazamiento «in extremis» para no echar al traste las vacaciones.

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