El paisanaje
Dos peines, un duro
EN LOS VIEJOS y buenos tiempos del mercado de los sábados de mi pueblo, que es La Bañeza, la charlatanería ambulante vendía de todo, pero de entre los puestos solía sobresalir la voz chillona de Pascuala, la Pitina , la cual pregonaba su mercancía al grito pelado de «dos peines, un durooo...». Casó en primeras nupcias con un torero espontáneo, de los que se tiraban a la plaza con un par, colega y muy amigo de mi tío Manolo, el del bar «La Marina», de alias C aluche en los carteles de la tauromaquia. Ahora que estamos en campaña electoral me recuerda por lo fino a Rosa Díez, la flaca, a la que por lo demás se le parece, y no sólo ella, sino también la clientela: al cabo de los años, como bien dice el refrán, todos calvos. Así es la vida, de modo que, si llego a saberlo entonces, le hubiera pedido a los Reyes Magos que me dejaran niño para siempre, más o menos como a Peter Pan ahora que llega la campaña de las elecciones y de las promesas imposibles en el país de Nunca Jamás. Molan más ahora Zapatero y Pinocho, el muñeco tarugo al que le crecía la nariz mentira a mentira, si bien en estos tiempos preelectorales los maquille convenientemente el asesor de imagen, de ahí que algunos se peinen la calva palante , algo que no hubiera tenido sentido para Pascuala, a la que, de puro honrada, nunca se le habría ocurrido. Pero sí, por ejemplo, a Zapatero. O al vasco Anasagasti, de cuyo tupé en circunferencia, una virguería, se decía que llevaba el hemiciclo en la cabeza cuando hacía de portavoz del PNV en el Congreso. En el mercadillo de promesas electoralistas hay tres que han destacado este verano: la de Zapatero prometiendo 2.500 euros por hijo, la de su ministro de Sanidad o de lo que sea anunciando una rebaja del precio de los condones y la del presidente de Andalucía, señor Chaves, con un decreto por el que todos los de la tierra de María Santísima tendrán derecho a un piso por la jeta, de alquiler o de hipoteca, para criar, que no les cueste más de un tercio de la nómina con tal de no ganar más de 3.100 euros al mes. En el periódico nos hemos puesto todos a la cola, menos el director. La demagogia, como la turalemia de los topillos, es una plaga cada vez que el calendario cambia de estación y se anuncian elecciones. Porque, vamos a ver, respecto a lo primero, una de dos, o hacemos hijos o nos ponemos el condón, a ver si se aclara el Gobierno. Votando y botando el otro día en la cama de casa hubo empate. Y, respecto a lo del piso, cuando fuimos mi mujer y yo al banco de la esquina tuvieron que ponerle una camisa de fuerza al director porque se oían las carcajadas hasta el manicomio de Santa Isabel, allá en los altos de Puente Castro, donde los agelcos están construyendo viviendas de protección oficial a precios tirados y con derecho de sótano para abajo en la Ley de Propiedad Horizontal. Seamos serios. Si de lo que se trata es de ideas para ganar las elecciones, en lo referente a la provincia de León ahí van gratis las siguientes para que las patente Zapatero antes de que me las copie Mariano. Dos puntos. Lo primero es desechar el Inteco, visto que a nuestros nietos les van a salir callos de la nintendo antes de acceder a tecnologías de nueva generación. Lo segundo, descartar la «Ciudad de la energía» de Ponferrada, sustituyendo las centrales de ciclo combinado por otras de asar castañas, que utilicen, en vez de carbón, el biodiesel de colza de Matías Llorente (Ugal-Upa) o, alternativamente, el bioetanol de cereales de Turrado (Asaja). Si hay excedentes, este último por lo menos se podrá beber. Y, tercero, descartar el AVE y el soterramiento del paso a nivel del Crucero, que los chinos hubieran tunelado más rápido a base de mano de obra a tope y barata o, en su defecto, de topillos, que son también setecientos cincuenta millones a cavar por un platín de maizena. En cuanto a alternativas a lo que pudo ser y ya no tiene remedio esta legislatura, se podrían anotar también las siguientes propuestas, por áreas. Agricultura: dejémoslo como está y toquemos madera, cual topines. Medio Ambiente: acelerar el calentamiento global por lo menos de Benavente para arriba, para que maduren las uvas y los tomates. Minería: fomento del cultivo de champiñón en las galerías, etcétera. Lo que les pasa a los políticos es que no tienen imaginación. Hoy vino la panadera a casa, como siempre, pero en vez de dejar la barra en el fardel de la ventana a cambio de los 65 céntimos que allí quedan por la noche, tocó al timbre y avisó: «Mañana, 75». «¿Es por lo de los biocarburantes o por las hipotecas en USA?», inquirí. «La culpa es de Mikel Ingalls», dijo ella no sin recochineo. Viendo a Zapatero cuando también dice por la tele que todo va bien me parece vivir en la Casa de la Pradera.