Publicado por
XOSÉ LUIS BARREIRO
León

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LA MAYORÍA de los ciudadanos habla de política como de fútbol, manejando sin pudor facilísimas soluciones, y sin lograr explicarse por qué los políticos -siempre falsos, egoístas, ignorantes y corruptos- se niegan a ordenar lo que es obvio. La razón de este comportamiento es muy sencilla, ya que, mientras los políticos tienen que afrontar todos los problemas al mismo tiempo, asumiendo sus contradicciones internas y el complejo cruce de intereses y valores que los ciudadanos mantenemos a capricho, la gente tiende a diseccionar los problemas para afrontarlos separadamente. Cualquiera de nosotros tiene un par de recetas eficientes para acabar con el paro, suprimir las listas de espera, facilitar vivienda a los jóvenes, mejorar la educación o rebajar los accidentes. Lo que nadie sabe es como hacer todo eso al mismo tiempo, sin que las políticas de empleo rebajen la competitividad y los salarios, sin que la contención de las hipotecas aumente la inflación, sin que el orden público devenga en un Estado policial, y sin que el gasto en sanidad rebaje los recursos de la educación, o desequilibre el presupuesto, o impidan conservar las autopistas. Por eso es difícil gobernar, y por eso tenemos la seguridad de que todo aquel que afronta los retos complejos con soluciones simples es un perfecto imbécil. Antes, cuando la democracia no era mediática, los políticos y la sociedad teníamos los papeles bien asignados, y mientras nosotros lo arreglábamos todo en el bar, con medidas simples y sin cobrar nada, los políticos trataban el conjunto en sus despachos, aplicando soluciones globales, complejas y bien maduras. Pero ahora, desde que la información política se hizo más importante que la política misma, los propios gobernantes se están pasando al bando de los ciudadanos, y en vez de gobernar, que es su deber y su oficio, se dedican a diseccionar los problemas en la televisión y a exponer sin rubor sus piedras filosofales. Y así vamos, moviendo los problemas de aquí para allá igual que llevamos a las prostitutas de parque en parque, hasta crear la extraña sensación de que la causa pública es un tinglado incoherente y cada día más falso. Solbes, claro está, no lo hace así. Pero todos los demás, con Rajoy y Zapatero a la cabeza, se han lanzado por la pendiente de la demagogia. Y eso será horrible cuando lleguen las vacas flacas.

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