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VICTORIANO CRÉMER
León

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EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA, es cada vez menos pan y menos nuestro. Se anuncia, entre el fárrago de promesas electorales, una información escalofriante: El precio de la barra del pan nuestro de cada día, será corregido de tal modo que, salvo aportaciones del Mercado Común, los españolitos madre nos mande Dios, tendremos que suplir el alimento fundamental e histórico que fue siempre el pan, por otra forma de componer el menú nuestro. Porque sin pan y sin vino, no se anda el camino y con razón aquella mujer soberbia, de coraje medieval, que fue la Pasionaria, diría, para aplacar la desesperación hispana de aquellos feroces tiempos de la guerra: «Con pan y sin pan, resistid». Sí, pero resistir sin pan es muy duro. La sociedad española de la época sufría graves quebrantos familiares, culturales, políticos y filosóficos porque en vez de paz, el régimen, infelizmente reinante, nos daba luches y cartilla de consumidor por entregas. Y los periódicos más solventes de la época, El Liberal , por ejemplo, publicaba en sus páginas para uso de los copleros de la calle, aquellas crónicas alarmantes que venían a decir y decían: «Dice el Liberal ahora/ que el Conde ya dejó el poder/ que las cosas se complican/ tanto que no podrá volver./ Dicen los unos, que España está tranquila/ pero se sube el pan,/ los otros dicen: la Guerra nos conviene/ pero al sonar un tiro/ escapan como el can¿» Y el pueblo hambreado se enteraba de que según la comisaría de reparto de necesidades públicas, nos correspondían unos gramos de pan negro por persona. Eran tiempos duros y de ferocidad probada. ¿Es que por casualidad, por ineptitud, por complejo de inferioridad nacional nos estamos condenando a volver al pan negro y caro? ¿Es que estamos condenados, después de que hemos hecho una transición ejemplar, a seguir siendo un poblado de gente amiseriada incapaz de sostener siquiera el precio del pan, el pan, señoras y señores, el pan nuestro de cada día, en un producto inalcanzable? Cuando observamos la singularidad de los pleitos que aparecen sobre la mesa electoral para que los padres de la patria se partan los cuernos intentando descubrir la piedra filosofal, el pan sube que sube que sube, trepa que trepa que trepa, como la hija del Conde, la Pepa, y a este paso muchos nos tememos que llegue un tiempo en el que se vean nuestras calles y plazas abarrotadas de mendigos con las manos tendidas, clamando: "Una caridad. Un pedazo de pan para alimentar a mis hijos¿". Y así como en la edad media. ¿Tendrá razón el filósofo cuando preguntaba: ¿Estaremos en una nueva Edad Media?...

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