La astenia también provoca cambios anímicos y biológicos durante el otoño
Aunque la primavera es la estación del año en la que un grupo cada vez mayor de personas (se calcula que un 25% de la población) se ven afectadas por una sensación de cansancio, con la llegada del otoño (menos horas de sol, vuelta a la rutina) también se producen cambios biológicos y anímicos que suelen llevar aparejados síntomas como falta de concentración para realizar las tareas, trastornos del sueño, alteraciones del apetito, ansiedad, angustia, apatía, irritabilidad, intolerancia a los ruidos o a la luz o disminución del deseo sexual. Se trata de la llamada «astenia otoñal», menos conocida que la primaveral, pero que presenta prácticamente los mismos síntomas. La disminución de la luz en los meses otoñales produce un desequilibrio de las hormonas que afectan al sistema emocional. La luz natural, además de actuar sobre la glándula pineal, encargada de segregar melatonina (hormona responsable de las emociones y del control biológico del organismo), activa la producción de serotonina, dopamina y noradrenalina, neurotransmisores que estimulan las células neuronales. La escasez de luz provoca una reducción en su actividad, disminuye la transmisión de mensajes químicos entre las células y el resultado es un estado de apatía, tristeza y melancolía. Las mujeres, especialmente las que viven en grandes ciudades, en países que cuentan con menos horas de luz, y con edades entre 20 y 50 años, suelen ser las más afectadas por pequeños trastornos, de carácter leve, que suelen desaparecen al cabo de unos días sin necesidad de tratamiento. Para paliar esta situación, los expertos recomiendan llevar una dieta variada, baja en grasas y rica en fibra, que proporcione al organismo hidratos de carbono, proteínas, sales minerales, vitaminas y agua, aumentando el consumo de frutas y verduras. Igualmente, se debe cuidar la actividad física (ejercicio físico diario y aeróbico), respetar el periodo de descanso nocturno (de al menos siete horas), las horas de las comidas y la actividad profesional. En ocasiones, puede ser necesario un aporte extra de minerales y vitaminas, recurrir a suplementos de jalea real, o tomar polen, siempre y cuando no se sobrepasen las dosis diarias recomendadas.