Diario de León
Pedro García Trapiello

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ABRIENDO esa puerta-portona de internet que mira a la plaza mayor del mundo y a sus pompas o teatros (el mundo, dice el catecismo, va siempre a todo lugar sin separarse de sus viejos socios, el demonio y la carne), ¿entrarán al convento los que están fuera o se saldrán de él los pocos que quedan?... Esto se está preguntando hoy una vieja y recelosa reverenda de clausura después de que el Papa haya recomendado a las monjas de todo el mundo que entren en internet y participen en los blogs de intercambio informativo o discusión a fin de poder expresar allí el pensamiento y la doctrina evangélica, pues también los caminos del Señor cruzan el universo informático, esa Red de redes, redes que son, mira por dónde, con lo que pescaba el bueno de san Pedro cuando era cocinero antes que fraile. Ahí se ven los caminos del Señor, dice Benedicto XVI. Ya. Y los del diablo, que está consiguiendo demostrar a muchos que internet es Dios, Google su arcángel principal y Bill Gates el vicario de las llaves; trinidad de lo virtual. Toda religión sabe que la fe, el dogma y la vocación se conservan mejor en el aislamiento del mundo, en la ignoracia necia de todo lo demás, en el silencio de la cueva del anacoreta o en el coro angélico de un enclaustramiento. De ahí el temor de esa reverenda. Cuando los aggionarmentos y ensayos conciliares abrieron puertas en monasterios y seminarios, hubo duda razonable, despendole consiguiente y desbandada general, porque ni la fe era seria ni la vocación convencida, sino interesada, deserción del arado muchas veces. Es lo que tiene esa fe ciega o necia (necio: que no sabe), pues das la luz y titubea... se abolla o se derrumba. Las luces de internet son a menudo cegadoras, gran foco, relumbrón, bombillería de feria, y habrá monjas que se deslumbren, se confundan o fascinen, porque la navegación en la red hace recalar en puertos no buscados y, de la misma forma que a la monja novata se le colarán en pantalla propagandas corsarias, orgías piruleras o maromos in púribus presentando armas, entrará en otros mundos, circos, otras iglesias, verdades ocultas, maravillas, naturalezas, dramas que matan toda esperanza, profetas chirles y ciertos, guerras, rosas, tiendas y milagros. Pero, al menos, averiguará el mundo y, entonces, su fe se hará fuerte... o se irá al carajo.

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