Diario de León

El sistema de reparación está inspirado en el mecanismo empleado por la piel humana

Una «piel» artificial permitirá a los satélites autorreparar las grietas

Un nuevo satélite impulsado por motores de iones medirá la gravedad de forma precisa

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M. M. Aller - león
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Los doctores Ian Bond y Richard Trask, del departamento de Ingeniería aeroespacial de la universidad inglesa de Bristol, que forma parte de un proyecto de la Agencia Espacial Europea (ESA) han desarrollado un novedoso material, que se está probando en condiciones espaciales simuladas, y que permitirá que un satélite «se cure» automáticamente cualquier grieta o fuga. Según ha publicado el especialista Brian Bell, estos investigadores se han inspirado en la piel humana, que se cura de un corte cuando la sangre queda expuesta al aire y forma una capa protectora, gracias a la reacción de las plaquetas que forman una materia sólida al contacto con el aire. En un espacio sin aire, los investigadores han creado unas «venas» rellenas con resina líquida y un endurecedor especial, que se mezclan cuando se rompen las fibras de la «vena». La reacción se produce de manera instantánea, antes de que se evapore el endurecedor.  El material de los tubos es un laminado compuesto que contiene centenares de filamentos de cristal huecos de 60 micras (milésimas de milímetro) de diámetro, cada uno con una cámara interna de 30 micras de diámetro. La mitad de los filamentos están llenos de un polímero epoxídico (resina) y la otra mitad con un producto que reacciona con el polímero, formando una sustancia dura y resistente. Los filamentos están diseñados para que se rompan fácilmente si el material compuesto sufre algún daño, haciendo que los dos componentes se mezclen y cierren inmediatamente la grieta o agujero.  Los investigadores han probado con éxito su invento en una cámara de vacío y además han investigado los efectos de la gravedad sobre las propiedades protectoras del forro que cubre la parte superior o inferior del artefacto espacial. Ahora van a desarrollar materiales más resistentes para que puedan soportar condiciones aún más duras.  La posibilidad de que los satélites se autorreparen permite pensar en misiones espaciales de mayor duración, con una doble ventaja: primero, al duplicar la duración del satélite, se reduce el coste de la misión a la mitad; segundo, los astrónomos pueden preparar misiones más largas, con satélites que lleguen a distancias espaciales ahora imposibles o demasiado arriesgadas con los actuales medios. Satélite Goce  Por otro lado, el conocimiento de la estructura de la Tierra, el clima y el impacto del calentamiento global va a mejorar gracias a una nueva misión espacial de la Agencia Espacial Europea (ESA). Richard Maino escribe en un informe que con el lanzamiento a finales de este año del satélite Goce (Gravity Field & Steady-State Ocean Circulation Explorer, es decir, explorador del campo gravitatorio y de la circulación estacionaria de los océanos), va a ser posible medir el campo gravitatorio de la Tierra con un grado de precisión nunca alcanzado hasta ahora. El satélite estará impulsado por dos motores de iones T5, que acaban de superar las exhaustivas pruebas a que han sido sometidos por el grupo tecnológico británico QinetiQ por encargo de Astrium, primer contratista de la ESA para el proyecto de la plataforma Goce.  Gracias a esos motores, el satélite puede compensar las desviaciones de la órbita, por lo que las mediciones del campo gravitatorio de la Tierra serán mucho más precisas. Viajando a ocho kilómetros por segundo en una órbita situada a 240 kilómetros de altura, el satélite experimenta algunas desviaciones mínimas, pero apreciables y muy variables. Por tanto, es preciso compensarlas para que los instrumentos a bordo, muy sensibles, puedan trazar con precisión al mapa de las fuerzas gravitatorias.

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