Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Se venden niños

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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EN TANTO QUE en la Península Ibérica, digo España, andamos todavía preocupado preocupados con las consecuencias de los extravíos islamistas que nos costaron al pie de trescientos muertos y cuando ya los jueces cumpliendo con su deber dictaron sentencias, algunas de las cuales se cifran en más de cuarenta mil años de condena, en el Chad, que es, según mis cortos conocimientos, una porción del Sudán frenético, una cierta ONG, estas vez francesa, con título de película para niños y niñas acompañadas de sus mayores, ha organizado una ordalía, un frenesí penal como para poner cerco de quienes pudieran ser responsables, se sospecha que no ya para recogerlos y cuidarlos sino para utilizarlos como fármacos humanos o como objetos de placer para degenerados. La operación se frustró por do más delito había y las autoridades del país, procedieron a detener a quienes aparecían como actores en la comedia trágica de ciento tres niños raptados, se supone, y dispuestos para su compraventa. Así que la operación del Chad fue conocida por los civilizados occidentales, compradores de niños procedentes del «Arca de Zoé , se unieron a las masas furiosas, defensores de valores morales y los principios democráticos. Y los detenidos acabaron en la cárcel. Y la España caballesca, pacífica y pura como la madre patria que la parió, además de rasgarse las vestiduras, hipócritamente, porque todos somos unos o «El Bailarín y el Trabajador», que decía Benavente al pie de una de sus comedias, pues digo, decimos, dirían los buenos samaritanos, así que la noticia del funesto y sucio comercio de los niños bajo el signo de la Francia de la grandeza, pero en medio de transporte de signo hispánico y de pilotaje con carnet de identidad ibérico, apelaron a la diplomacia del país de origen, demandando auxilio, jurando y perjurando que ellos no tienen ninguna responsabilidad, que son más puros y limpios de conducta que El Egipcio de los comprometidos en la matanza de los trenes de Madrid y que por los santos llevados a los altares últimamente por su condición de mártires de la fe, de la patria y del honor les echará una mano el señor Moratinos, que tiene cara de bueno sonrosado aunque inútil. La historia de estos doscientos o los que sean niños negritos del Chad ha movido muchos corazones, pero la vaca por lo que vale y la justicia por lo que cuesta, y estos retenidos, franceses y españoles, esperan ahora ansiosos que Francia, España, los Países Bajos y las Naciones Unidas les acojan en su seno y les libren de las cadenas. Y muy pocos de los seres humanos pertenecientes a la civilización occidental y cristiana, haciendo una penitencia de culpabilidad recuerdan las trifulcas de las oenegés de un lado de otro, patronados por ínclitas señoras y púdicos caballeros dominantes, se formaron aquí y allí con la disculpa de abrir pozos en la Sáhara para dar de beber a los camellos, para hacer negocios no siempre bendecidos por el Santo Padre de Roma... Vivimos ¡ay! en un mundo corrompido, sobre el cual vuelan palomas inmaculadas, hay que reconocerlo, pero en cuyas aguas se hunden hasta el cuello muchos alegres mangantes y mareantes del Mediterráneo... Póngase fin a tantísimo mercadeo de niños, de niñas, de ancianitos de buen ver y de señoras obesas y demos a Dios lo que es de Dios y a los mercaderes de niños, jarabe de palo...

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