Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

¿Qué hacemos con los rumanos?

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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¿Y CON LOS MARROQUÍES, que antes llamábamos «moros», qué hacemos? ¿Y con los búlgaros, y con los polacos y con los tanzanios y con todos los que se nos anuncian por la televisión? Hembras y machos, que el género no modifica ni mejora el problema. Porque está claro que el poderoso núcleo de navegantes formen parte del problema, en medida no inferior a la que pudiera derivarse de tenacidad del señor representante mayor del pueblo vasco¿ De La Bañeza, que es pueblo especialmente querido por el resto de la comunidad, han podido ser detenidos ocho o diez señores y señoras con niños llegados en trenes de urgencia de la Rumanía románica y feudal pero que no tiene para soportar una población flotante y la envía a España. Pero la verdad es o debe ser que el envío es por el interés de los señores parados de la nómina laboral rumana, que al no tener donde dar el callo en sus tierras se vienen a España que es tierra noble, hidalga y acogedora. Pero a lo que son enviados estos andantes sin trabajo no es a asaltar comercios, ni a fundar núcleos de niños desescolarizados para alcanzar el grado de doctores en robo , esta ciudadanía postiza que se nos ha echado encima, sin pedirlo, ha sido al fin acorralada en tierras bañezanas por robos descarados en el hipermercado bañezano. Y nuestro corresponsal itinerante nos denuncia que en la Cañada del Diablo, que le llaman a un poblado de peregrinos del hambre, especialmente procedentes de Marruecos, se han sublevado en las cercanías de Madrid, al modo que lo hicieran los moriscos de las Alpujarras, cuando los reyes católicos les ordenaron que cogieran la manta y la chilaba y se fueran a su tierra. Estos señores de la Cañada Real madrileña, así que se vieron libres como la burra del guarda en España, hicieron lo que los sucesores del Duque de Alba, levantar palacios y casonas solariegas en tal medida que de no establecer medias y normas acabarán estos andantes por ocupar la Moncloa. Y el señor gobernante de Majerit, viendo la que se nos echaba encina, y considerando que los recién llegados en patera se estaban apropiando, por el modesto precio de nada, del territorio, en el cual ya aparecían establecidos nada menos que diez mil individuos con mujeres, niños y ancianos, envió a los guardias para acabar con la invasión. Y se produjo tal escaramuza, que hubo que poner en manos de la sanidad pública a seis guardias, y dos moriscos, que se descuidaron. Estas circunstancias obligarían en otro país menos hidalgo que el nuestro, a medias cautelares que no se les pudiera saltar ni un rumano, ni un gitano, ni un moro o mora con velo. Y no es, no señora, no es que nos hayamos vuelto los hispanos más belicosos ni que tengamos que remediar los efectos de la memoria histórica de cuando Ad-El Krim, no señora. Es que al paso que ustedes imprimen a la instalación de sus sobrantes en España, los españoles nos vamos a quedar sin tierra. Y el pueblo alarmado pero sonriente, porque lo que se arregla con una sonrisa, que dice el señor Zapatero no lo arregla ni Alá, solicita un mínimo respeto que nos permita vivir también a nosotros.

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