Diario de León
Pedro García Trapiello

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«SANTA María la de más lejos... la más devota», suele decir mi madre cuando entre dos opciones de destino o interés se elige la más alejada. Acusan al ayuntamiento de Villaquilambre, y razones no faltan, de mandar a sus súbditos a seiscientos kilómetros para que disfruten la de la nieve contratándose al efecto los servicios y alojamientos en Formigal, con lo que se desecha así la opción de utilizar la estación invernal leonesa de San Isidro que anda en vano requerida de nuestros apoyos y relanzamientos. Pero desconocen los acusadores que Formigal tiene algo que aquí no hay: una ermita dedicada al culto de la Virgen de Maslejos. Cuando esta universidad balbuceaba en sus comienzos se establecieron relaciones y convenios con otras universidades para enriquecimiento mutuo (o para la consagración del toma y daca en el que se anda siempre en estos casos; catedráticamente, claro está). Así, las primeras relaciones internacionales con otras universidades no miraban a Lisboa, París o Roma, sino que gobernó el criterio de las Antípodas y fueron elegidas al efecto una universidad llamada de Loyola que radica en la Patagonia (al lado de La Bañeza) y, después, la rusa Voronez (justo después de Oteruelo a la derecha). También con el Brasil devoto enhebró este claustro relaciones, aunque con las universidades vecinas de Oviedo, Salamanca, Valladolid o Compostela no parece haber hilo ni puntada. ¿Es que esas relaciones son obvias y necesarias, pero las más baratas?... Los hermanamientos de municipios están en el mismo himno y devoción mariana. Entre cubas, méjicos, matanzas y pueblas o exotismos gabachos, se les agotan destinos. Lejos, bien lejos. Viajes de corporación: vayamos a Oslo a promocionar la cecina y a Pénjamo a estrechar lazos. ¿Y con las ciudades y pueblos cercanos? No digo ya con las tierras vecinas, porque estoy dispuesto a entender que aún nos movamos con nuestra aberrante conseja de «al vecino, ni tocino», pero algún hermanamiento cabría con Donosti, Cuenca, Cáceres de abrazo ojival, Alicante de cazurrada invernal y jubileta, Soria de semejanzas, Barcelona de cupo leonés emigrado... hasta ese Madrid que da amparo a cien mil leoneses o descendientes y coloca una pescadería maragata cada tres calles.

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