Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Anacleto se divorcia

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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HACE UNA VEINTENA DE AÑOS todavía, cuando se divorciaba el vecino pasaba a formar parte de los insondables, de los incomprensibles, de los dejados de la mano de la Santa Madre Iglesia. Sólo se divorciaban los ateos y los chulos de taberna. Las señoras, de la época con las consiguientes excepciones sufrían, lloraban y se tiraban del moño, pero seguían y seguían y seguían hasta que la muerte piadosamente se llevaba a uno de los cónyuges o como haya que decirlo ahora y en la hora de los cambios. Mujeres muy piadosas, bien casadas y asociadas al Ropero de Santa Rita, se ocupaban de tareas tan piadosas como ellas mismas y puede decirse que iban de casa en casa de gente divorciada intentando enmendar la plana matrimonial tan impiamente vulnerada. Y todavía entre la clase más clásica y castiza se cantaba para disimular el cabreo aquello de la Raquel Meller, que decía: «Es mi hombre, yo le doy cuanto soy/ mis encantos y mi amor a mi hombre./ Le espero al llegar/ nunca dejo de pensar/ en mi hombre./ No es gentil ni es genial ni es un hombre espiritual más le adoro». Y si el amante se le soltaba la mano, la enamorada de plazuela seguía su canción. Después vinieron los moros de la guerra, sosteniendo la sura de «Mujera trabajo/ hombre guerra». Y no le cabía a la mujer así tratada y considerada como una escopeta, que ponerle los cuernos al presumido de Tenorio inasequible al desaliento... Esto ha cambiado en pocos años. Las señoras de buen ver se dedican a otra cosa, abandonando la práctica del matrimonio, y cuando se aferran a la unión con el macho, es sencillamente por una cuestión de dineros: Dos mitades hacen lo bastante para seguir soportando el peso de la bolsa de la compra. Hasta que al fin las señoras de una y de otra calificación dieron con lo del divorcio, que consiste, como todo el mundo ya sabe, en que cuando la pareja se siente incómoda solicita la separación. Y el varón justifica la menguada acción declarando: «¡Que la soporte su padre!"» mientras que la chica que iba para bailarina de ballet, resumía su cuestión asegurando: «¡Que levante la mano a su madre, no te jode el jilipollas!..» Y se hizo tan corriente la práctica del divorcio, que hoy, día no sé cuantos del mes de la sequía, se anota en el censo que más de setenta y cinco mil matrimonios pidieron el divorcio en el primer semestre del año. Y se espera que esta cifra aumente como la del petróleo. Y no es por señalar, líbreme Dios, pero puede decirse que en la actualidad no se realiza un enlace matrimonial, sin que en él se establezca que en caso de necesidad o de incompatibilidad en la casa y en la cama, cualquier hombre o mujer puede solicitar por ley la separación. Y desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca, todo cristiano está obligado a divorciarse antes de convertir el matrimonio en una jaula de fieras... Lo que se hace saber para el corto conocimiento de muchos mal unidos. Porque así para desesperación del cura de mi pueblo vamos a dar en la impía costumbre de hacer el amor por libre...

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