Diario de León

Gente de aquí

Luchador y madreñero

El vecino más longevo de Prioro, Máximo Prado, cumplió cien años junto a su numerosa familia y sus recuerdos de segador, pastor trashumante, carretero, tratante y campeón de aluches

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E. Gancedo - león
León

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Nació el 24 de enero de 1908. Casado en 1940 con Margarita Fernández, fue padre de once hijos, ocho de los cuales viven en la actualidad. Hace treinta y un años que quedó viudo, pero hoy alegran su vida nada más y nada menos que diecisiete nietos. «Creo que he cumplido suficientemente el precepto divino de 'creced y multiplicaos'». Lo dice Máximo Prado Martínez, el decano de los montañeses de Prioro. Dotado de una salud de hierro, nunca padeció enfermedades reseñables «y no comencé a tomar medicinas hasta los 96 años». Hombre de muchos oficios, fue labrador, ganadero, madreñero, pastor trashumante, segador, tratante de ganados, aserrador, carretero a Campos, etc., «todos los trabajos eran pocos para mantener tanta prole». También colaboró en tareas públicas: alcalde de la Reunión de Mozos de Prioro, concejal y juez de paz. Como pastor, encontró acomodo, durante tres años, en la cabaña de Montenegro, provincia de Cáceres, y también en las majadas de Maraña. Pero cuando se quedaba en casa no se libraba (como el resto de los jaldetos, esto es, los vecinos que hibernaban en el pueblo) de ser madreñero echando mano de las hayas de Salio, Pedrosa y Siero, con cuya madera también hacía «buenos llugos , cambas , corzas y rastros» . Con su padre producía traviesas para el tren hullero, y llegaron a tener hasta cincuenta portugueses a su cargo. Como tratante, se asoció con Nemesio Díez, Mariano Díez y Aquilino Herrero para recorrer con sus vacas y jatos las ferias de Puente Almuhey, Almanza, Riaño, Cervera... «Ricos no nos hicimos, pero dificultades y calamidades se cuentan por docenas», asegura Máximo. Pero para grandes viajes, los que hacía a tierra llana para vender las madreñas y otros aperios . Echaba en él ocho o nueve días, dormía en algún pajar, pórtico de ermita o simplemente al raso. De vuelta a Prioro traía cántaros de vino y orujo y dos o tres cargas de trigo. «Una vez se me acercaron dos guardias civiles para ver si llevaba estraperlo o si tenía en regla la matrícula: me pusieron una multa, pero yo, a pesar de todo, les invité a cecina, chorizo y un trago de la bota: santo remedio, la denuncia nunca llegó a casa», rememora. Corros y truchas Sus aficiones, las de siempre: los bolos y el aluche. «Luchábamos Prioro contra todos, o Pando acá, Pando allá en Riaño, valle del Cea contra valle del Esla, etc.». Con la rede y el jorugón (un palo largo), un día de nube, llegó a sacar 162 truchas. Furtivismo necesario en tiempos de necesidad. Bebe todos los días un vasín de vino y ponche los días de fiesta. «El vino es la sangre de los viejos», sentencia. Y tiene razón. ¡Salud!

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