Valle del Zanskar
«Al límite, pero llegamos»
«Gracias a Dios y a los budas estamos vivos y sin sufrir congelaciones. Ha sido una odisea trepidante, peligrosa, increíble, una de mis mejores aventuras. Hasta pronto»
24 de enero. Hay que madrugar mucho y llegar hasta Chilling, donde terminará esta aventura. Si todo sale bien será nuestro último día, llegaremos a la aldea, nos alojaremos al calor de alguna de sus casitas, y al día siguiente estaremos en Leh, capital del Ladakh. Pero aquí nada es fácil. El día transcurre más o menos con normalidad y llegamos a un cañón de paredes verticales e inescalables, de fuerte corriente y aguas profundas, donde para gran sorpresa de todos ¡no hay hielo!, ¡no puede ser! No somos capaces de pasar y tenemos que escalar por tramos verticales, asegurándolos con cuerdas, y equipándolos con más cuerdas fijas. Caminamos por peligrosísimas laderas de 50 grados de inclinación donde un paso en falso nos precipitaría al río. Phuntsog y yo decidimos utilizar los últimos metros de cuerda que nos quedan y con un laborioso trabajo logramos equipar una ruta muy expuesta hasta el río. Phuntchok lleva la delantera y se arriesga más de lo sensato, pero consigue instalar una cuña de madera con un cordino donde hace pasar la cuerda principal, y de este modo si alguien pierde el equilibrio y se cae, no haría péndulo. Llegamos al borde del agua. ¡Es imposible! hay que darse la vuelta. Desesperante. Comenzamos a ascender de nuevo por la precaria ruta resbalo repetidamente pero alcanzo la repisa, después Phuntchok. Ahora tenemos que regresar con todos los porteadores por el peligrosísimo itinerario que nos trajo hasta este punto. Es casi de noche, estamos congelados, y derrotados. Encontramos una pequeña cueva y buena leña. No hablamos, no hay ideas, sólo esperar al día siguiente. Los zanskaríes corean un murmullo: un rezo para que el río se hiele. El más viejo: explica que todos los años se produce este fenómeno inexplicable: cuando más frío hace, con casi todas las noches en torno a menos 30 grados, el río se licúa (?). Nos levantamos, y estamos de nuevo aguas abajo con la ansiedad de si estará o no el tramo del río helado. Camino desbocado, pero antes de alcanzar el fatídico tramo, el río empieza a licuarse, donde ayer estaba completamente helado y con grosor. ¿Cómo puede ser? ¡Es inaudito!. Es el virus del hielo ; es cierto que se mueve aguas arriba. Debemos escalar el tramo de ayer. Tirito, estoy mojado hasta las rodillas, pero seguimos. Stangin y Phuntchok, se acercan al punto donde ayer no había hielo, pero esta vez hay una fina capa que sondean; por fin gritan: la ruta está abierta. Es necesario pasar a todos los porteadores, y además hay tres franceses que habían iniciado la ruta, pero deciden regresar pues el río está muy peligroso; somos 62 personas en la peligrosa repisa. Es un caos. Hay gritos, desorden, Phuntchok se esfuerza en poner orden, pero es imposible, están asustados porque el río se rompe cada vez más. Grito para que baje Emilio; lo consigue, desciende, y al llegar al tramo roto mete las piernas hasta las rodillas; ahora los dos somos dos cubitos de hielo. Maurice, uno de los franceses, resbala y cae a plomo en el agua, se sumerge entero. Phuntchok se lanza, se empapa pero consigue sacarlo a flote. Se hace rápidamente una hoguera para calentarle después de quitarle toda la ropa; es una situación alarmante. Toca el turno del segundo y el tercer francés. Ambos descienden con muchos problemas al borde del río, pero al llegar al tramo roto, se meten en el agua gélida hasta los hombros. También deben quitarse la ropa y secarse, o sufrirán una hipotermia. Los grupos se dispersan a gran ritmo caminando para calentar los maltrechos cuerpos. Sólo quedan tres horas para llegar al pueblo, hay que llegar como sea. No siento los pies. Emilio tampoco, pero nadie se para ni un momento. Estamos al límite. Llegamos a Chilling y está el autobús. Enseguida partimos para Leh, otros se quedarán en Chilling para secarse y calentarse. Después de tres horas estamos en Leh, en la civilización. Estamos vivos. ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es