Diario de León

Blázquez se juega esta semana la presidencia de la Conferencia Episcopal

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José Martínez Velasco - madrid
León

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La Conferencia Episcopal Española procederá la próxima semana a las votaciones para la renovación de todos sus cargos, excepto el de Secretario General, y decidirá sobre la reelección o no de Ricardo Blázquez, obispo de Bilbao, para un segundo mandato como presidente. Aunque viene siendo tradicional que el presidente de la CEE repita un segundo mandato, en esta ocasión su continuidad se viene cuestionando entre algunos prelados que defienden posiciones «más firmes» en las relaciones Iglesia-Estado, y que abogan por la elección del cardenal Rouco ante la posibilidad de una nueva legislatura pilotada por el PSOE. El triunfo de José Luis Rodríguez Zapatero en las pasadas elecciones generales no fue bien recibido por algunos sectores de la Iglesia española ni por alguno de sus prelados que vieron con preocupación la derogación de la LOE y el correspondiente anuncio de una nueva ley de Educación, y la posibilidad de una ofensiva laicista desde el Gobierno. Relaciones frías De hecho, las relaciones de la Conferencia Episcopal que presidía entonces el cardenal y arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, con el Gobierno de Zapatero fueron frías y distantes hasta la elección de Ricardo Blázquez como presidente de la CEE, un año después. La elección «inesperada» de Blázquez se produjo, tras una apretada votación en la que Rouco no obtuvo los votos necesarios para una tercera reelección y en la que el cardenal primado y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares, actual vicepresidente de la CEE, se quedó a sólo un voto de diferencia del prelado de Bilbao. Aunque las relaciones entre el Gobierno y la CEE mejoraron, la aprobación de la nueva legislación sobre el matrimonio, y la reforma de la ley de Educación en lo relativo a la asignatura de Religión, los profesores que imparten esta asignatura y, principalmente, la obligatoriedad de Educación para la Ciudadanía, propiciaron una etapa de desencuentros. En estos tres añoshan sido frecuentes los puntos de fricción entre el Gobierno y la Conferencia Episcopal, y por primera vez, algunos prelados participaron en las manifestaciones.

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