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La Teresa de Calcuta leonesa

Sor Pilar González y González, la misionera más longeva de la Diócesis de León, falleció el viernes de madrugada a los 104 años en Pune, la India, cerca de Bombay Peredilla de

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L. Santa Marta - redacción
León

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La misionera más longeva de la Diócesis de León, Sor Pilar González y González, falleció en la madrugada del viernes al sábado en Pune, la India, cerca de Bombay, a escasos kilómetros de la costa occidental del centro de la península del Indostaní. Acababa de rebasar los 104 años, cumplidos el pasado día 4 de este mes. Nació en Peredilla de Gordón, un anejo eclesiástico de la parroquia de Puente de Alba, allá por el lejanísimo año de 1904. Sus padres, el tío Félix y la tía Bernarda, fueron una pareja que tiraron de la récua de hijos a base de compartir tareas y meter energías en una humilde panadería y en cuatro cabezas de ganado. Fueron siete hermanos y Pilar la primogénita. Por entonces en Peredilla se vivía una fe cristiana muy vital y comprometedora. Buenos párrocos la alimentaban. Allí Pilar, como otros y otras más, tendieron su mirada hacia un horizonte de donación y allí escucharon la llamada a dejar la casa familiar y a ponerse en marcha. Eran tiempos largos y dramáticos para la historia española. Los avatares sociales no hicieron más que consolidar la decisión que iba madurando. La esperaba la recién aprobada Congregación de Misioneras de Cristo Jesús, que había nacido en el corazón misionero del castillo de Javier, fundada por la Madre Sanz Orrio. Sólo cuatro años después, el día 10 de noviembre de 1948, la primera expedición de misioneras salía rumbo a la India. Eran cinco hermanas; entre ellas iban la fundadora y la Hermana Pilar. Una dedicación plena Su primera casa fue el escenario del humilde teatrillo parroquial. Su primera dedicación, para la que habían sido llamadas, fue la leprosería, situada a más de media hora de distancia de la residencia, en tiempos en que la enfermedad era absolutamente incurable. Los enfermos estaban en un estado de abandono inimaginable. La hermana Pilar, que era enfermera, se dedicó de lleno a ellos. Pero un año más tarde son reclamadas desde Kohima, capital de Naga-Hills, para poner en marcha un nuevo hospital. Allí estuvo cinco años, al cabo de los cuales regresó a Tura y otra vez a atender la leprosería. Iba siempre andando, subiendo y bajando cuestas, atravesando un frágil puente que con frecuencia desaparecía bajo la fuerza de los monzones; entonces había que cruzar el río con el agua por la cintura. Así un año y otro. Una vida dura, un clima muy diferente al de la montaña leonesa, una alimentación escasa y extraña. Los meses iban deprisa y el trabajo humanitario y apostólico (que vienen a ser lo mismo) iba minando las capacidades. Poco a poco su corazón empezó a resentirse y entonces fue enviada a Pune, cerca de Bombay, a escasos kilómetros de la costa central oeste de la península del Indostán. Allí estaba el noviciado, floreciente ya por aquellas fechas y allí fue donde hace tan solo dos días se apagó su luz, aquella que durante tantos años iluminó el corazón de los más necesitados.

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