CRÉMER CONTRA CRÉMER
Nunca segundas partes fueron buenas
EL REFRÁN TIENE UNA REFERENCIA lo suficientemente actual como para rescatarlo de la relación de temas que pudieran servir para retener la atención del lector: Nunca segundas partes fueron buenas. Ni, por lo tanto, tampoco cabe tener confianza en que la política podría desviar la intencionalidad del refrán, cuando se dice, y con toda la razón del mundo que nunca segundas votaciones para la elección de cargos políticos dieron el resultado deseado. Que es lo que, al parecer, le sucedió al Excelentísimo Señor Don José Bono, cuando se prestó para ser elegido presidente o director de orquesta del coro nacional del Congreso. ¿Por qué al candidato señor Rojo se le concedió el placet a la primera para que ocupara pacíficamente su cargo en el Senado -según creo- y sin embargo al señor Bono, que es sin duda hombre de mucho mérito, aunque no tanto como fuera requerible y de desear, se le regateó de tal forma que para salvar las reticencias que sin duda influyeron en la votación, se le negara el puesto y se viera obligado a someterse a una segunda votación para cubrir dignamente el sillón curul de la Gran Política Española? Nadie se atreve a descubrir el secreto de esta incidencia política, pero no falta quienes sostienen en voz baja que lo que determinó la derrota del aspirante a la mano de Doña Leonor se debió a que la consignación ideológica de Don José no acaba de encajar en el Estado presidencista que dirige el leonés, señor Zapatero. Y no porque a éste le duelan prendas teológicas, sino porque entre el común de votantes para decidir figuran tal diversidad de opiniones y de condicionamientos políticos, culturales, religiosos y vecinales que no es extraño que todo aquel que se atreva a presentarse para algo, encuentre el camino si no ocupado, cuando menos previsto para otro, o también como moneda con la que se paga otros favores antiguos o futuros. A Don José Bono le ha perdido en este primer paso que diera para ser nombrado miembro de la gobernación, con sus glorias y sus remuneraciones y con la solución definitiva de cualquier reserva política que pudiera mantenerse, su carnet de identidad sin ninguna clase de dudas ni cautelas. Y esta accidentada aventura, felizmente resuelta por la voluntad de quien puede dar y quitar nombre, fama y cargo, puede repetirse, por ejemplo, quien sabe, tal vez, cuando corresponda elegir al que será presidente del Gobierno, o sea figura estelar de la España presente y futura, que en vista de la tendencia reticente de algunos de los miembros a los cuales corresponde votar, se retraigan, a la espera de algo, y no cedan su voto en la primera vuelta. No sucederá, pero ya es un síntoma que debe ser tenido en cuenta a la hora de valorar a los responsables supremos teniendo en cuenta que según la sabiduría popular «nunca segundas vueltas fueron buenas»¿