Diario de León

Desafío extremo Polo Norte

En medio de la larga noche polar

El aventurero leonés llega a las islas Svalvard, un territorio donde viven unas 2.000 personas durante todo el año y es sin duda el lugar habitado más cerca del Polo Norte

En estas islas, los osos polares duplican al número de personas que las habitan

En estas islas, los osos polares duplican al número de personas que las habitan

Publicado por
Jesús Calleja
León

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Hola amigos, os escribo desde un remoto lugar a tan solo 1.300 kilómetros del Polo Norte, donde he llegado en un largo vuelo que comenzó en Madrid, luego Copenhague, continué hasta Oslo y finalmente otro largo vuelo hasta que aterricé en las islas Svalvard. Para que os hagáis una idea, está más cerca Oslo de África que de estas aisladas islas en mitad del océano Ártico. Aunque parezca mentira, en estas islas viven unas 2.000 personas durante todo el año y es sin duda el lugar habitado más cerca del Polo Norte. Además de las durísimas condiciones climáticas propias de la zona, hay que adaptarse a la larga noche polar. A causa de una latitud tan elevada, el sol desaparece del archipielago en octubre y no vuelve a aparecer hasta marzo, celebrando la llegada del sol como la mayor de las fiestas hacia el 8 de ese mes. De este ciclo sin sol, tres de estos meses son de total oscuridad y el resto del tiempo es la llamada luz azul, conocida como luz crepuscular. Los que la han visto dicen que no hay nada igual, es un cielo irreal, donde es muy frecuente las auroras boreales que, como sabéis, se producen por la interacción del campo magnético de la Tierra y el viento solar. Lo que queda claro es que no es un lugar más, las islas son una tierra inhóspita, descubierta en el año 1596 por el navegador holandés Willem Barentsz. Después los noruegos fueron los que más las frecuentaron, hasta que en 1925 se creó un tratado de varios países, entre los que se encuentra España, que permite a cualquier ciudadano que lo desee asentarse, quedarse a vivir o explotar los recursos naturales de estas islas, principalmente el carbón, de excelente calidad, sin que nadie te diga nada. No hay fronteras ni control de pasaportes. Es decir, es un territorio en el que uno se puede venir a buscarse la vida, te hayas enfadado con el mundo o con la suegra. Acertarás recluirte en este lugar si buscas tranquilidad, aislamiento y condiciones extremas. Aquí se fundó la ciudad de Longyearbyen en 1906. Este nombre todavía no soy capaz de pronunciarlo, pero tengo casi un mes para hacerlo correctamente. Es un lugar tan frío que el 60% de la superficie de estas islas está cubierto de nieve y hielo y al menos durante 9 meses está totalmente cubierto del elemento blanco. Los osos polares duplican en número a los habitantes de estas islas. Pueden llegar a ser muy peligrosos si tienen hambre y a más de uno se lo han merendado, por eso es obligatorio sin discusión llevar un rifle para salir del pueblo. Es muy curioso ver a sus habitantes con las armas al hombro, incluso hay portarifles adaptados en las motos de nieve, pues estas son el medio de transporte en las Svalbard. Se usan para todo, aquí no hay carreteras. Otra curiosidad es que se ha inaugurado, hace muy poco, un almacén enclavado a mucha profundidad. Es muy seguro, pues es una zona de gran estabilidad sísmica, y a prueba de ataques nucleares. Allí se han confinado más de 4.000.000 de semillas de casi todos los países, para protegerlas de cualquier catástrofe de índole global que pudiera poner en peligro la humanidad. Esperemos que no ocurra... En las islas Svalbard existe otro asentamiento humano que se llama Barentsburg. Es un pueblo minero que trabaja en condiciones friísimas para extraer carbón. Casi todos sus habitantes son ucranianos, de Kiev, que les recolocaron aquí después del accidente nuclear de la central de Chernobil. En fin, que alguien ha decidido que a esa gente hay que darles caña , pues después de tener que pasar por lo de Chernobil de propina a algunos les trajeron a este lugar de condiciones climáticas límite. Precisamente he alquilado una moto de nieve para desplazarnos a este pueblo, en un convoy de 16 motos. Fueron unos 250 kilómetros de ida y vuelta, pues aprovechamos para dar un poco de rodeo y cruzar increíbles pasos de montaña y valles glaciares, en fin paisajes alucinantes de nieve y hielo. (Continúa mañana) ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es

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