Diario de León
Pedro García Trapiello

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¿QUIÉN no tiene escrito ese tren en la pelleja de alguna memoria, algún recuerdo tatuado con la carbonilla enrojecida que chisporroteaba su chimenea quemando sebes y rastrojos a su paso o con aquel humarro azufrado que vomitaban sus locomotoras? Después llegó el gasoil y sus convoys dejaron de escribir en el aire de la ribera un garabato tumbado de humo blanco y efímero en el que algunos creían ver letras y mensajes. Y ahora le mandan a Villalba a dirigir ese ferrocarril de vía estrecha. Feve se rotula hoy, pero ha sido un tren tan entrañado y familiar en la última historia de los lugares donde pasa y tan coqueto de mirarse la cola o el rabo en las curvas lentas de la Valcueva, que se adorna de apellidos y luce varios nombres: tren de La Robla, dice alguno recordando el trazado original; de Matallana, los que más (incluso a la estación de la capital la nombran así, no de León); el tren Hullero, mucha gente; de Mataporquera, los entendidos; o de León-Bilbao, los de verbo administrativo y refinao... y «tren botijo» fue para muchos cada domingo de verano, preñados sus vagones de flechas de campamento (el que meaba la colchoneta, el pedorrillo que perfumaba la tienda y todos los demás), excursionistas de acciones católicas comandados por Lalo, familias bulliciosas con sillas de tijera y sandía en malla, guajes con cámaras neumáticas porque aún no se había inventado el flotador, mocerío bravo de esos lugares, mocinas de blusa y poco pecado, alborotadores, el baratero que sorteaba una porra de caramelo, los guardias, el recadero que tardaba sábado y medio en su cometido, el curina y dos seminaristas que acudían en ayuda de algún párroco para dar solemnidad a la fiesta patronal, algún estudiante de grado que volvía de domínica a su casa paterna... en fin, toda una tropa colorista que se arracimaba hasta en los estribos cuando las unidades especiales recogían de atardecida a toda la diáspora del domingo pobre que había remojado y entortillado la jornada desde Boñar a San Feliz. Ahora el objetivo es integrar esta línea en la ciudad. Se habló incluso de crear un ramal a la universidad. No sé si se atreverían a hacerlo si fuera privada la cosa, pero téngase por bien con tal de que no muera ese tren, aunque ya lo haya hecho su vieja función y su memoria... y aunque no sea rentable.

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