Diario de León

CRÉMER CONTRA CRÉMER

Las vacas locas y los médicos de cabecera

Publicado por
VICTORIANO CRÉMER
León

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HABLÁBAMOS Y YO ESCRIBÍA sobre médicos y huelgas, cuando me dieron la ingrata noticia de que en algunos lugares de la Península Ibérica han vuelto a ejercer las llamadas "vacas locas", conocido el penoso proceso con nombre complejísimo. Y es que daba la casualidad (que no es tanta casualidad) de que cuando el que suscribe, mencionaba la enfermedad y la huelga que la clase médica sostenía, los transcriptores de mi letra y de mi música, debió de parecerles que los plazos a los que me atenía eran poco convincentes y no se pararon en barras ni en barros y en vez de datar las fechas durante las cuales los señores de la sanidad andaban en pleitos y que en ellos llevaban quince meses, quienes ejercieran de correctores, alargaron la fecha en quince años. Y no es eso, no es eso. Tampoco vale exagerar. Es como cuando intentamos hacer la información correcta del proceso contagiosa de las Vacas Locas. No es fácil, dadas sus características que se puedan fijar con facilidad fechas y duración de los ataques, sobre todo porque las informaciones que se extienden para los posibles enfermos de cornada de vaca¿ Y el mal sigue y hasta es posible que se extienda de forma epidémica y que los humanos estamos amenazados seriamente de acabar como el burro y la vaca del guarda. Y esto es tristísimo y amenazador. Porque si malo es acabar sin saber a ciencia incierta cual ha podido ser el mal que nos aqueja y que acabará por llevar nuestros despojos a la tierra de la que salimos, es mucho peor morir por un ataque de mal de Creutzfeldt-Jacob, que es como los notarios han bautizado a la enfermedad. Hasta tal punto la amenaza ha producido alarma general, que la mayor parte de los enfermos que acudieron a la consulta de la S.S., salieron de ella con la convicción de que sin haber comido carne desde que se inventó el euro, la enfermedad se ha cargado ya cuando menos dos enfermos antiguos, sin que, pese a todos los análisis, se haya podido asegurar que murieron de la enfermedad de las Vacas Locas. Y por ello da la singular casualidad de que pertenecemos de hecho y de derecho a una generación afectada, a lo peor, por la dicha cornada bovina. Y no es que nosotros dudemos de la Ciencia de los Doctores encargados de ponerle freno a las cuatro patas de las vacas contagiantes, sino que pese a tantísima ciencia sostenible se ha producido la amenaza de una muerte taurina, producida por vacas enfermas. Naturalmente, dada nuestra enciclopédica ignorancia nos vimos obligados a consultar al vecino que estudió para veterinario y a nuestras demandas nos repitió lo de siempre: "Que no hay motivos para alarmarse y que es más fácil morir de aburrimiento que de un hartazgo de filetes de vaca loca y que lo único que cabe aconsejar es que se evite todo contacto con las vacas, estén o no enfermas, y que dado que las vacas del pueblo se han escapado y que suelen ser miembros de mala estirpe, compongan su dieta de verduras frescas y de leche merengada, por ejemplo. Todo menos chuletones de vaca roja. ¡Y el que avisa no es traidor!

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