CRÉMER CONTRA CRÉMER
La gastronomía leonesa y su fiesta principal
SEGÚN ESTÁ DEMOSTRADO y hasta es posible que figure en los libros, León se caracteriza y se distingue por su gastronomía y por sus vinos. Que nadie espere, una vez en la tierra madre de la cecina de chivo, que en León le será posible saciar sus anhelos culturales o sociales, porque se encontrará con que cualquier forma de expresión cultural o el menos histórico de los acontecimientos tendrá inevitablemente su bautismo y su celebración mediante una comilona a lo lanciense y un trasiego de caldos más o menos picudos, discantes y alevosos de la tierra. Y cuando entre nosotros se escribe el término Tierra se sugiere la tierra del vino, Los Oteros, por ejemplo, o Valdevimbre o Ardón o lugares en donde los fugitivos medievales ponían casa y bodega. Llegada la Semana Santa, que en León tiene unas anotaciones significativas, como por ejemplo la persecución y muerte de los judíos o el juego de las vestiduras del Justo a las «chapas». Pero además o sobre todo, cuenta con la tendencia o vocación del leonés por la degustación del bacalao, así que se dispone el escenario del Pregón¿ Para este ceremonial, se reúnen con el timbalero y el cornetín de órdenes, el pregonero de la Semana Santa, encargado de dirigir la escena y elevar la demanda a grito pelado. Se reúnen los señores abades y los no menos señores cofrades alrededor del capítulo inicial y antes de proceder a despertad a los hermanitos, porque ya es llega la hora, se reúnen en el mesón más típico y se dispone al alevoso ágape de pasión: el bacalao a la cazuela y el vino de la tierra. Y la ceremonia transcurre alegre y dicharachera, como si en lugar de disponerse a asistir al entierro de Cristo Padre, Hijo y Espíritu Santo, se dispusieran a bautizar al niño de la Pera o a la niña de Rajoy. El caso del caso es que al cabo de un tiempo previsto por el mando, y ya agotado el bacalao y secos de vino tinto con azufre, los papones y paponas se echan a la calle y comienza el festival. Suena el clarín, redoble el timbal, y la voz encarnada de vino del pregonero repite una y otra vez hasta conseguir que se entere hasta el señor Obispo: «Hermanitos, levantaos que ya es hora». Y lentamente, con seriedad de hombres y mujeres de luto, buscan a las primeras, segundas y terceras autoridades y al pie de sus balcones repiten el pregón. Y acaban por enterarse el señor Obispo, el señor Gobernador, el señor Abad de Abades y los señores y señoras dispuestos para el doloroso séquito. La Semana Santa Leonesa comienza realmente cuando se cumplen los ritos tradicionales: el bacalao picantón, el vinarro con aguja y el pregón a la luz de la luna. A la hora de las Siete Palabras, que es sermón muy emotivo, la catedralita de Santa Nonia está abarrotada de mujericas conmovidas y de cofrades hirviendo por dentro. Amén. «Cuando se entra en la calle, tan descalza, tan alfombrada de silencios, suena detrás de las puertas de apretados goznes un lejano llanto de colmena¿»