Diario de León
Pedro García Trapiello

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AÑOS de quiero y no puedo, León de los sesenta, ciudad pacata, lejana la modernidad, levita en la compostura, corbatita los domingos, dominguito de las tres pes: pipas, paseo y pacasa... bailongo modosito y sin arrime, tufo colegial hasta en la mocedad brava, excursiones ursulinas, misa por decreto, ganas contenidas pero ciertas... Corre el año 1965. París hierve en ganas de descubrir que «debajo de los adoquines hay una playa» y todos se lanzarán a levantarlos tres años después para arrojarlos a la crisma del sistema y de los dueños de la porra. Los adoquines de esta ciudad están, sin embargo, en las cabezas, cimentados, no ensillados, imposibles de mover... A los jóvenes que ya lanzan larga la vista se les queda todo en cercado vigilado y cuarto oscuro sin rebullir. Se mueven algunos. Los de Accioncatólica , más que nadie. Se pide cosa mixta y dejar de bañarse por separado chicos y chicas. Se juntan con los Luises (malo, o sea, bueno). Se arriman otros. Hay que hacer algo. Antes de morir 1964 se acuerda: créese el club Forecu (formativo, recreativo y cultural). Se piensa en nutrición distinta, nuevo cine de discutir, charlas, sede social, encuentro y baile, marchas, boletines, teatro de pensar, sportear, arrimarse, tener voz, darse a ver... y a inquietar. Y, de la misma forma que los poetas zurdos de la villa tenían de mentor y capellán a González de Lama, los del Forecu se blindaron con la juvenilidad y aliento del cura Bernardino M. Hernando que orientaba las charlas, cineforums o publicaciones, como aquel boletín «Criterio». Empezaron decenas; y en cinco años, trescientos; cinco duros de cuota al mes y, alguna que otra vez, la poli fisgando, barruntando infliltraciones, porque todo lo que no fuera Oje, Casino o Sindicatos les olía a Culo al Sol. Les conocí en 1970, buena peña, les dábamos buen cuartel en los papeles, ya tenían un club de baloncesto que fue el germen del posterior Elosúa y, a la postre, de lo que hoy tenemos o nos queda... ¡Cómo olvidarme de Albino, Maxi Cañón, Pipo Morán, Fernando Rubio, López Dóriga!... En el Acuarium o en La Perla Vasca conciliábamos el encuentro, la entrevista y la amistad. Ahora, casi mil años después, reverdece el recuerdo. El 30 de mayo celebrarán los forecus un reencuentro en La Venatoria. Allí estaremos. Nos veremos. Y nos diremos «estuvo bien».

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