CORNADA DE LOBO
Christian Dios
LUCIR marca es ya obsesión y que sea el burro grande es el sueño. La gente es chollo; paga burradas por cosas que cuestan el triple de lo que valen, entre otras cosas por culpa de la publicidad abusiva que les grava un sobrepecio insultante y por el cartonaje inútil que las envuelve, más la bolsería firulí donde se empaqueta la compra, bolsazas que también son anuncio chillón que se pasea gratis sin que se lo descuenten al hombre o mujer-anuncio que hace de estupendo soporte andante; y aun más, no se tiran, las guardamos para futuros usos... y nueva publicidad por la cara... o por el culo, que no se sabe bien. Y ahí estamos todos luciéndolas como panolis orgullosos o papanatas agradecidos ( hay que joderse pa no caerse , dice Seve). No contentos con tanto palo y estafa, lo premiamos además los entusiasmados consumistas ofreciéndonos nosotros mismos como cartel publicitario con patas y señalamos ostentosamente la marca atracadora en ropas, zapatones, bugas, atrezzos o disfraces. Ser es tener. No hay más cáscaras; ni intentes predicar lo contrario. Hay, por ejemplo, enormes pegatinas de marcas y prestigios que muchos se emperran en lucir en la luneta trasera del coche o donde sea, pegatas que no sólo no regalan, sino que les cuestan un pastón a los mendas lucidores, manía paleta y pretenciosa cuya explicación sólo podría abordar un psiquiatra (o dos, porque la gente que se tunea el cerebro complica la tarea del análisis repintando las neuronas con tres capas). Nunca lograré entenderlo. Si al menos pagaran algo por ello o nos mandaran una postal y un boli por Navidad... Bien al contrario. Toda industria y comercio prevé y paga religiosamente la publicidad que contrata; forma parte del sistema y del negocio. Se paga... menos a los pamposaos que se la hacemos gratis... y fardando o babeando. Hay gafas que tienen la marca más grande que los cristales y que la sonrisa boba y satisfecha de quien las lleva. Los que creen en la reencarnación advierten que los obsesionados en lucir logos y marcas serán en su próxima vida vallas publicitarias, lo mismo que algunos constructores se reencarnarán en un ladrillo o en una hormigonera y muchos periodistas en una reverencia doblada. Todos reencarnados, menos Christian Dior, pues lleva tiempo entronizado como Christian Dios.