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MALDITA la hora en que se inventan uniformes y se dictan modas. La dictadura y lo único apresan, son candado. La corbata es uniforme. No es casual que la inventaran como prenda militar los croatas. Después copió la lindeza un miramelindo francés anudándose la chalina... et, voilá, la cravatte . Piden corbata en el Congreso. Se montó debate modorro y franciscano. En la vida oficial y social la corbata ¡se exige!. Al despacho o a pedir crédito, hay que llevarla. ¿Quién se casaría sin ella? La corbata es distinción. La gleba nunca la lleva. Ahora, el socialismo se ahorca con corbata (la derecha le lleva ventaja). Bono riñe a los suyos por no llevarla. Del sincamisa al concorbata ¿cuánto hay?... Pues bórrese del estatuto socialista lo de «lucha de clases» (fusilaron el término anteayer; ahí está, en la cuneta... y sin corbata). Puede una diputada lucir vestidos libérrimos, elegantes o estrafalarios, ¿y falta al respeto del lugar un diputado por no llevar corbata?... Igualdad, señores de la sala. Las diputadas visten distintas cada cual, no se ven dos iguales ¡y cambian cada día el modelo!. ¿Y ellos?, todos lo mismo, dictado de traje y corbata. No es normal. Aquí falla o falta algo: gusto, libertad y valentía. La tropa masculina acata. Ni amaga reparos a la dictadura de la cravatterie. ¿Por?... La corbata está anudada a la noción de poder e importancia... o a parecerlo. Conclusión: la memez masculina es infinita, cosa que se sabía. Desvergonzado es, sin embargo, que defensores de la corbata en el Congreso se presenten después en sus mítines o concilios sin ella. ¿Es que no merecen igual o mayor respeto los militantes y delegados que son sus verdaderos jefes, los dueños de sus cargos y sus aires? ¿No es también sagrada esa asamblea?... ¿A qué ese empeño en tapujos y teatros volviendo a parecer descamisados... sólo los domingos?... Si me ahorcan con corbata de seda, juro no escandalizarme si veo además a Zapatero arengando a los suyos y conminándoles al consumo total para conjurar la crisis (¿antes de que nos consuma ella?). Ahora, consumir con optimismo es elegante y de izquierdas. ¡Ideológico hallazgo! El consumismo será nuestra bandera. Rojos de toda la vida, ¡a tomar las tiendas!... Se rueda «Comprad, comprad, malditos»... Y ponle música: «ahorquémonos todos en la corbata final».

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