Diario de una aventura Desafío extremo Sudáfrica (7)
Nos dicen que estamos locos
Las dificultades con los permisos nos obligan a buscar otro punto para realizar la inmersión sin jaula y enfrentarnos cara a cara con el tiburón blanco; allá vamos

Hola amigos, ha llegado el día de la inmersión sin jaula. Aunque tenemos verdaderamente una contrariedad, y es que la zona que habíamos solicitado para la inmersión es donde estos días hemos visto al tiburón blanco: es sin duda el lugar donde más proliferan. Pero las fuertes tormentas que nos han azotado, han hecho que no pudiéramos bucear sin la jaula en los dos días que teníamos autorizados, y el gobierno en Sudáfrica es muy estricto. Definitivamente no podemos bucear en esta zona, y a 60 kilómetros alrededor tampoco, por lo que JP, nos localiza otra zona con presunta abundancia de tiburones blancos. Nos dirigimos a este lugar llamado Hermanus, un pintoresco pueblo, con un puerto pesquero pequeñito al estilo de los del Cantábrico, donde existen dos centros que se dedican a trabajos submarinos. En este lugar nos alquilan las botellas de aire, y les contamos que queremos bucear en un lugar cercano a la costa sin jaula para filmar cara a cara los tiburones blancos. La respuesta que nos dice el director de este centro, es que si estamos locos, que es una inconsciencia, y que hace muy poco un tiburón blanco atacó a un buceador dejándolo gravemente herido, y otro desapareció por el mismo motivo. Y es que allí viven focas, y este es el alimento del tiburón blanco. Cuando le contamos nuestro plan se echa las manos a la cabeza: alquilamos una barca, luego la barca se dirigirá a aguas más abiertas, y tirara el cebo en forma de sangre y pescados hacia el fondo del mar en un bidón agujereado. Después nosotros saltaremos de la barca en la zona del kelp, llegaremos al fondo a unos 16 metros de profundidad; el kelp nos protege del tiburón: al ser un bosque de algas no entra para no enredarse. Luego nadaremos por el fondo en busca de ese cebo y esperamos hasta encontrarnos con los tiburones cara a cara, siempre y cuando aparezcan. Será algo adrenalítico y muy peligroso. El tiburón blanco no tiene miedo a nadie, pues carece de depredador, y tenemos que vigilarnos las espaldas unos a otros para controlar al tiburón con la mirada y unas pértigas de dos metros para espantarlo, aunque cuando abra la boca y nos saque ese lío de dientes gigantes, a ver qué cuerpo se nos queda ahí abajo. Estaremos Karlos, María, Óscar, JP, y yo. Dependeremos de nosotros mismos, y no habrá mas ayuda que la nuestra y la de la barca que estará encima con un médico y todo lo necesario para suturar un hipotético ataque. No es una exageración, es vital llevar un doctor experto en ataques de tiburones; el nuestro es un médico que ha estado en la guerra de Irak, y entiende mucho de heridas feas y profundas; lleva todo lo necesario, incluida sangre por si somos atacados, pues el riesgo es muy elevado, él puede salvarnos la vida si esto se produce. También es muy importante nunca salir a la superficie si no estamos dentro de la protección del bosque de algas, pues el ataque preferido del tiburón blanco, se produce en superficie, por sorpresa y a gran velocidad de forma vertical. Será una estrategia difícil y arriesgada en la que no puede fallar nada. Sin más demora partimos al punto elegido frente a la costa. JP prepara el cebo a base de hígados, pescado y sangre, lo mete en un bidón agujereado, y lo tira al fondo. Es momento de espera en un mar inusualmente calmado, pero con un tremendo inconveniente que nos hace dudar: el agua esta prácticamente verde por la gran cantidad de placton en suspensión provocado por las fuertes tormenta de los días pasados. ¡Sólo tenemos tres metros de visibilidad»!... (Amigos, no os perdais la siguiente entrega) ESCRIBE: Siga la aventura en: www.jesuscalleja.es