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Laciana se convierte en Tsaciana Iglesia-Estado

Un momento del reparto de la paella ayer en Castrocalbón

Publicado por
Vanessa Araújo ANTONIO PAPELL - leon@diariodeleon.com
León

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La Casona de San Miguel abrió ayer sus puertas para acoger al tradicional Mercau Tsacianiegu. Este típico mercado de la zona, de principios del siglo XX, comenzó a las 11.00 horas en La Casona con la bendición y el pregón a cargo de Manuel Gancedo. A continuación el toque de campana y la animación de calle se unieron a una muestra a la que se acercaron alrededor de 30 artesanos y en la que se encontraban productos textiles, de madera y de cerámica, entre otras artesanías. Además durante el día, los talleres participativos y los demostrativos fueron unos de los puntos clave del mercado, sin olvidarse del primer encuentro de Patchuezo. Entre otras labores estaba la elaboración de chorizos, morcillas y jabón. Asimismo, en el antiguo lavadero de San Miguel, las mujeres mostraron con se lavaba la ropa. Posteriormente, la elaboración de mantequillas puso punto y final a estas muestras típicas lacianiegas. Por otra parte, se presentó el libro «Soñadores de libertad» de Víctor del Reguero. Para continuar con la cena tradicional a las 21.30 horas, donde las personas debían asistir ataviados con la tradicional ropa de la época. Asimismo, los asistentes pudieron disfrutar de un espectáculo de fuego y un concierto de música celta a cargo del grupo Gandalf. Hoy el mercado se abrirá a las 11.00 horas y se llevará a cabo el primer concurso de pintura rápida «Manuel Sierra». Además, la Iglesia de San Miguel acogerá, como cada año, la boda tradicional txacianiega, tras la que la comitiva de la ceremonia llegará al mercado, donde se repartirá la típica recha. Todo ello, amenizado por los bailes tradicionales del grupo del centro de personas mayores de Villablino. Fiesta en Castrocalbón La localidad de Castrocalbón recuperó ayer, tras varios años de interrupción en esta celebración, la fiesta del turismo, una iniciativa impulsada de nuevo por los jóvenes que pretende servir para dar la bienvenida a los veraneantes que llegan al pueblo en agosto, muchos de los cuales son hijos de esta población. La fiesta incluyó una misa campestre, actividades lúdicas como una cucaña acuática, así como una paellada popular para numerosos comensales. Durante la comida, a la que acompañó una climatología favorable, los asistentes tuvieron oportunidad de compartir unos momentos de convivencia y de estrechar lazos de amistad. EL PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA Episcopal ha sido recibido el viernes por el presidente del Gobierno cinco meses después de la elección de aquél por sus pares, en un clima frío y no sin que el arzobispo de Madrid filtrara su desagrado por la forma de haber sido convocado, ya en agosto y con tanto retraso (su predecesor, Blázquez fue citado y recibido por Zapatero en días tras su elección). Ha habido corrección en el encuentro, de poco más de una hora -poco tiempo para tan ardua agenda-, pero está por ver si la representación oficial de la jerarquía católica sigue por sus fueros, en la línea que adoptó junto a la oposición conservadora, política y mediática, durante la anterior legislatura, o si ha decidido compartir con Mariano Rajoy su aparentemente sincero viaje al centro. Este artículo -conviene precisarlo- trata de política y no de religión, por lo que nadie debe sentirse herido en sus creencias íntimas. Pero en cualquier análisis es inevitable recordar que fue la Conferencia Episcopal, a través de sus medios de comunicación, la que sostuvo enfáticamente durante un cuatrienio la «teoría de la conspiración», una mendaz fabulación que atizó el fuego de la crispación pasada. Fue también la Conferencia Episcopal -con Rouco Varela en la vicepresidencia y Blázquez en los cerros de Úbeda- la que llevó a cabo, en vísperas del 9-M una intensa y afilada campaña electoral junto a los efectivos de la derecha extrema. En una concentración sobre la familia celebrada al final de 2007 y en una «Nota electoral» publicada en vísperas de la campaña, el 'ala dura' del obispado acusó a la mayoría política de entonces -que es la misma que ahora- de debilitar la democracia, de violentar los derechos humanos, de atacar las libertades fundamentales y de haber negociado con ETA asuntos innegociables. Durante la legislatura pasada, la Iglesia y la espada -la de la oposición conservadora- fueron de la mano, incluso en ruidosas manifestaciones callejeras. La Conferencia Episcopal se ha quedado sin embargo gravemente descolocada tras el viraje de la cúpula del Partido Popular. Rajoy, inteligentemente, ha entendido el mensaje de la ciudadanía y si antaño se dejó arrastrar por los aduladores radicales que lo conducían a los arrabales más remotos de la política, ahora ha impuesto su estilo moderado y tranquilo. Y del mismo modo que los medios que cabalgaron a lomos de la crispación se han quedado ahora literalmente colgados de la brocha, también Rouco y sus partidarios, desorientados, acusan la deserción. La Iglesia oficial ha cometido un tremendo error, impropio de su experiencia, al aceptar vincularse tan estrechamente a una estrategia coyuntural errónea. La cara adusta de Rouco en la reunión con Zapatero y sus parcas manifestaciones institucionales parecen indicar que el arzobispo de Madrid es consciente de su traspiés. Además, la actual mayoría ha dado pruebas de gran moderación en el inaplazable camino de extensión de la libertad religiosa -que obliga a abrir el abanico de las diversas religiones en plano de igualdad- y de separación real entre Iglesia y Estado, es decir, entre el ámbito religioso y el espacio público. No hay una carrera laicist a pero sí un interés prudente en avanzar en el bíblico deslinde entre lo que es del César y lo que es de Dios. Por supuesto, Educación para la Ciudadanía, que no compite con ideario moral alguno sino que se limita a extender benéficos c riterios civiles de tolerancia y de respeto, seguirá adelante, y el Derecho -de familia, civil, penal, etc.- emanará como hasta ahora del Poder Legislativo y no de los dogmas de religión alguna. Es triste constatar en todo caso que después de que la Iglesia contribuyese de forma relevante al nacimiento de la democracia y a la reconciliación entre españoles -la figura del cardenal Tarancón luce hoy más que nunca-, la vieja curia haya vuelto a las catacumbas de la reacción y del oscurantismo. La semilla de odio que se ha lanzado desde medios a ella vinculados, y que por fortuna no ha logrado arraigar, es una pesada carga sobre el sentido de responsabilidad de quienes, después de aquello, pretenden ahora hacer como si nada hubiese ocurrido.

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