Cosas de aquí | Curioso patrimonio de arcilla
Las cuevas del silencio
Villasabariego conserva aún las viejas celdas de retiro de los eremitas del siglo X, excavadas en las colinas de Valle de Mansilla, muy cerca de un castro y de Escalada
La primera sorpresa es respirar una mezcla de trigo y tomillo. La segunda, oir el bullicio lejano del Esla, levantar la vista a cincuenta metros del suelo y descubrir la boca de unas curiosas cuevas de arcilla que sirvieron de refugio hace once siglos a los eremitas. Sobre todo, porque se sitúan a tan sólo quince kilómetros de la ciudad, en unas colinas de la localidad de Valle de Mansilla. Pasar del bullicio del mundo a la soledad de la celda, olvidar el fragor de la batalla por la paz y el silencio de un cubículo no tuvo que ser fácil para aquellos guerreros de corazón duro, valor indomable, porte soberbio y pasiones insaciables que se transformaron, según la leyenda, en cenobitas austeros y monjes piadosos. El primer anacoreta renombrado fue el Rey Rodrigo, que se retiró a las montañas de Portugal, y el último, Carlos I, que se refugió en Yuste. En el caso de las cuevas de Valle de Mansilla, la historia y las paredes marcadas por los arañazos y los instrumentos afilados que sirvieron para dibujar sus pequeñas celdas interiores, demuestran que este enclave del municipio de Villasabariego tuvo un gran peso en la conversión de decenas de 'soldados'. A partir del siglo X, esos ermitaños comenzaron, con probabilidad, a bajar de sus guaridas y se organizaron en cenobios que dieron lugar a los monasterios medievales. De hecho, en las inmediaciones de las cuevas se levanta San Miguel de Escalada y se abre un castro en el que han aparecido columnas, piezas de estatuas, tumbas y numerosas monedas. Además de los eremitas, las cuevas de Valle han servido de refugio a los lugareños durante la invasión árabe, como atestigua una ilustración del Beato de Escalada. En ella se muestra cómo la población local se escondía en el interior de tres colinas. De ahí, que en la zona se hayan bautizado como Cuevas del Moro. Los octogenarios del pueblo recuerdan que las cuevas poseían una gran dimensión al distribuirse en varios pisos. Sin embargo, en la década de los treinta las estancias inferiores se taponaron para evitar los resbalones de los pequeños que acudían a jugar en su interior. Promocionar el patrimonio El alcalde de Villasabariego, Jesús García, estudia la fórmula de promocionar «este curioso patrimonio, testigo de una época», reconoce. Según ha investigado, eremitorios similares y rupestres aún se conservan en la zona del río Pisuerga, en el medio y alto Ebro, en los valles del Bierzo, al occidente de Alava, al norte de la provincia de Burgos y al sur de Santander.