Diario de León
Publicado por
Antonio Núñez
León

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CUANDO el almirante Carrero Blanco subió al cielo después de misa con ayuda de un bombazo de ETA allá a comienzos de los setenta Franco, que era su amigo del alma pero también el inmediato superior, se limitó a comentar con los pocos íntimos que ya le iban quedando: «No hay mal que por bien no venga». A continuación remodeló el consejo de ministros dejándolo «todo atado y bien atado» para que después él mismo las palmara en la cama y no a manos de comunistas y socialistas, como así fue. Que luego la transición, el Rey y Adolfo Suárez le salieran rana es otro tema. Estos días ha ocurrido un tremendo accidente aéreo en Barajas con 153 muertos que está tapando un agrio debate sobre el reparto del dinero del Estado entre las autonomías y las ansias de poder de sus cabecillas, lo que le ha venido muy bien a Rodríguez Zapatero, cosas de la vida mientras la política siga siendo tal que así. Justo horas antes de la tragedia el PSOE había conseguido salvar por los pelos y el exiguo voto de Iniciativa por Cataluña (IU) a su presidente de una comparecencia en el Congreso para explicarle al resto de los partidos aquello de «¿A mí cuánto me toca?» o «¿Qué hay de lo mío?». Esto último ha pasado desapercibido. Pasado también el luto y con Zapatero superviviente estamos ante otra gresca fenomenal por el reparto de la tarta presupuestaria, que, dada la voracidad de los comensales y los modales de algunos, más que en porciones con cucharita se la van a disputar a cuchillo por la tajada más grande. Pasa igual todos los años y la gente también pasa del rollo por aburrimiento, sobre todo cuando el país está de duelo. Pero hace mal, porque lo que está en juego son los impuestos: el Estado juega aproximadamente con la mitad de la renta nacional, entre Seguridad Social, IVA, IBI, IRPF, la gasolina y el humo fiscal del tabaco que perjudica seriamente la salud y puede matar, según se lee en las cajetillas, pero engorda a Pedro Solbes. A este respecto todos los contribuyentes somos fumadores pasivos o nos jugamos media vida como el torero Espartaco, sobrino político cuando el PP del entonces ministro Rodrigo Rato, que, cierta vez que le preguntaron cuánto ganaba, encogió los hombros en la taleguilla y contestó: «uno de cada dos toros que mato es pa Hacienda». El desgraciado error histórico de las autonomías cuando para contentar a vascos y catalanes Martín Villa pidió «café para todos» está demostrando ahora que la ronda va a salir cara. Es más, como nadie quiere pagarla, se la están jugando a los chinos aprovechando también el despiste de las olimpiadas. Ésta es una barra libre donde todos apuestan al «tres con las mías» dando por seguro que el otro no se va a llevar ninguna. Vascos y catalanes, a los que hace poco se han unido las comunidades ricas de Valencia, Baleares y Madrid, cierran igualmenteel puño y dan como única alternativa lo de cobrar a escote y que cada uno pague lo suyo, habida cuenta de que llevan todos tres. Por el contrario, gallegos, extremeños y castellano-cazurros son partidarios de que se prime la extensión de sus respectivas geografías, en las que las carreteras son más largas y la población, altamente envejecida, no está precisamente para ir a pie. En plan pobre añaden que si los hijos y los nietos han emigrado de maquetos, charnegos o de pescaderos maragatos a los madriles, donde crean riqueza, los que quedan en el pueblín también tienen derecho a que les manden un giro. Servidor opina que su mandado no va a tener acuse de recibo así que ofrece gratis desde aquí una alternativa digna de ser patentada: cobrar peaje cada vez que un vasco o un catalán crucen Castilla, Extremadura o La Mancha camino a ninguna parte. Y quien dice ellos dice también el bonito y las sardinas de Santurce o el cava y la butifarra de Casa Terradellas. En cuanto al cocido madrileño, donde hierve de todo, bastaría con racionarles los garbanzos y que mastiquen Pichi y Gallardón la gorra de visera o, en su defecto, el ladrillo donde baila el chotis Esperanza Aguirre. Están rebañando el dinero de los impuestos como nunca antes se había visto. Natural, porque antaño había cuatro políticos y otros tantos funcionarios y ahora hay ciento y la madre de diecisiete autonomías, eso sin contar al secretario municipal de toda la vida y el socorro de las pateras del efecto Caldera, el exministro de los papeles todo a cien. Barato, paisa, le ha salido al personaje, que no ha puesto un duro de su bolsillo. La próxima, macho, invitamos nosotros y pagas tú. En esta crisis entre la burbuja inmobiliaria y las pompas de jabón con las que se lava la imagen el Gobierno da la impresión de que Zapatero, en tocante a economía, es de letras y Solbes en números no sabe hacer el cero con un canuto. Ni Mariano poner los puntos sobre las íes. Ya es duelo.

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