CORNADA DE LOBO
¿Quebrantaqué?
PAJARÓN de apabulle es el quebrantahuesos. Entre aves ibéricas, la mayor. Pura envergadura. Es buitrón guapo, majestuoso, de volar vago e inteligente, planeador y doctorado en isobaras. El quebrantahuesos tiene, además, nombre de acojone, como el sayón de crucifixión que aceleraba la muerte del reo rompiéndole piernas a golpe de estaca gorda, quebrantapatas él. El quebrantahuesos dejó su querencia leonesa hace sesenta años. No se le vio más. Lástima. Su volar nos ligaba a un pasado milenario y milagroso. Aquí se le acabó el comer y la gana cuando aún se cazaban osos (a Franco le pusieron uno a huevísimo en Casasuertes). Entonces, los entendidos del Instituto para la Conservación de la Naturaleza, aquel Icona de coña, estimaban que sobraban osos y que podían darles cartuchazo los jerifaltes y ricachos que mamaban privilegio. ¿Y no cazaba Fraga urogallos en los Ancares?... Al quebrantahuesos lo cazó la velocidad del siglo y los profundos cambios en la economía montañesa que andaba en carbones o emigraciones abandonando ganados y penas. Me llevé un alegrón tremendo cuando alguien me aseguró que en Nocedo de Curueño había visto al quebrantahuesos recosiendo los perfiles de las peñas de Valdorria. Allá me fui. Varias veces. Nada. Se lo preguntaba a Paulino el manco y se encogía de hombros, hombre, es probable... Escudriñé con catalejo; y más nada. Al regreso, paraba siempre en Nocedo a recriminar a mi informante: estás chalao o mamao. Se picó. Y una mañana, telefonazo urgente: ven pacá cagando tariles, que te vas a enterar. Tardé lo justo y al llegar esperaba en la puerta del bar señalando al cielo antes de apearme: míralo, gilipollas, ahí lo tienes... sobre la peña de la cascada... Se me enredó el estómago al pescuezo. Efectivamente, allí planeaba una majestad. Corrí por los prismáticos. Me saltaba el corazón. ¿Sería yo quien diera la noticia de la resurección del gran pájaro? Enchufé el binocular, afiné, ahí está... ¿Ahí?... Tío, eso no es un quebrantahuesos, es un alimoche con su cabeza amarilla, míralo... Pues eso, quebrantahuesos. Y no se apeó de su verdad, porque en esa montaña llaman así al alimoche por hacer lo mismo, pues de los huesos que lanza desde la altura para escacharlos come la cañada, esa que en casa vieja se reservaba para el abuelo.