CRÉMER CONTRA CRÉMER
Memoria histórica: Carlos V y Zapatero
SIEMPRE QUE HABLAMOS DE POLÍTICA española, me repite la misma historia o si se quiere los mismos datos que valen por una lección de ética histórica. Era por el tiempo glorioso del Emperador Carlos I de España y V de Alemania, llamado a cubrir una de las páginas más brillantes de la biografía general de universo mundo. El gran emperador alemán, fatigado de sus cuidados y sus viajes y deseoso de sancionar con su presencia la épica circunstancia del viaje real, anunció a sus queridos súbditos de la Hispania alegre y feliz, la visita del emperador, avisando de su llegada vía Cantabria, por Laredo quizá. El anuncio movió la emoción de los castellanos. Y se propusieron dejar señal de su afición monárquica y de su esperanza en un futuro glorioso. Se reunieron los notables de las Castillas y se juramentaron para cubrir el acontecimiento con los esplendores que se merecía el notable viajero, en ruta por las tierras sagradas de sus posesiones. Revolvieron los viejos baúles y de ellos sacaron los avíos más brillantes, formando una verdadera corte de lujo. Por donde pasaron los miembros de Castilla la Vieja y honrada del mar castellano por antonomasia, las buenas gentes salían al camino para agasajar a los brillantes miembros que cubrían la ruta protocolaria moviendo la curiosidad del monarca, que no acertaba a comprender cómo siéndole conocida la situación más bien precaria de la vieja y noble Castilla, se permitía el despilfarro de aquel gasto, y por donde quiera que pasaban los miembros de la recepción real, suscitaban diálogos y aún pláticas de extrañeza, ante tan desmesurada demostración de poderío. No obstante, el Emperador aceptaba aquella muestra de cariño y de respeto exhibiendo sin recato todos los lujos de que disponían. Y fue cuando se acercó Don Carlos al que parecía dirigir la comitiva receptora y le preguntó: «Perdone su merced, don Fadrique, pero me han informado mis representantes de que Castilla y los castellanos andan a punto del estado ruinoso que obliga a los pueblos a esquivar cualquiera de las obligaciones que pudieran agravar la situación... ¿Cómo os entregáis a un lujo tan desmedido? ¿De dónde consigue Castilla los dineros para cubrir este honor?» Y adelantose el representante castellano y le contestó: «Señor, hacemos lo que podemos y debemos lo que hacemos». Y recogieron los ecos de la historia contemporánea de boca del señor presidente cuando en análoga situación, dijo: «Hacemos lo que debemos pero, sin adoptar ninguna medida que ponga en riesgo nuestro futuro debemos lo que hacemos. Y el pueblo, recogió la frase, requirió la espada, miró de soslayo fuese y no hubo nada»... ¿No hubo nada, señor?