Diario de León

Un nuevo programa permitirá estudiar las ballenas sin sacrificarlas

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M. A. Pérez - león
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Investigadores de Australia y Nueva Zelanda, países aliados en la conservación de las ballenas, han presentado un nuevo programa para estudiar a las ballenas en aguas de la Antártida, sin tener que matarlas, una zona en la que cada año Japón caza a unos mil cetáceos «por motivos científicos». En caso de ser aceptado por la Comisión Ballenera Internacional (CBI), el plan arrancará a finales del año 2009, justo cuando el país del Sol naciente envíe a sus pesqueros a aguas antárticas. El estudio coincide con la publicación de otro realizado en Japón que ha reabierto el debate sobre la captura con fines científicos amparándose, además, en que esta práctica forma parte de su cultura desde hace siglos. Según los autores de la investigación, ballenas minke tienen menos grasa que hace dos décadas, algo que podría deberse a la reducción drástica en el Antártico de las poblaciones de krill (crustáceos parecidos a los camarones y su principal fuente de alimento) como consecuencia del calentamiento global, que funde a gran velocidad las capas de hielo en las que viven las algas unicelulares (diatomeas) de las que se alimentan. Esta falta de grasa, esencial para el aislamiento del frío polar, pone en peligro la supervivencia de la especie. Con esta investigación, para la que ha sido necesario matar a más de 4.500 ballenas minke, «es una forma de justificar la caza científica de ballenas», aseguran los ecologistas. Los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda han indicado que la caza de ballenas ha reducido drásticamente las poblaciones de cetáceos, que en los últimos tiempos se enfrentan a una nueva amenaza, la del cambio climático. A principios de este año, Camberra y Tokio se acercaron a una crisis diplomática después de que un juez australiano dictaminara que era ilegal cazar ballenas en una reserva marina declarada por Australia en la Antártida, cuya soberanía no le corresponde, según Japón. Poco después, un barco del Departamento de Aduanas australiano vigiló y filmó durante semanas las actividades de los balleneros nipones, que fueron atacados en numerosas ocasiones por ecologistas. Cada año, Japón mata unas 1.300 ballenas en el continente helado bajo su programa con supuestos fines científicos, haciendo caso omiso a la CBI, que pide a Tokio que lo suspenda. Este organismo ha ratificado la moratoria vigente desde 1986 que prohíbe la caza de cetáceos con fines comerciales.

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