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LEÓN se lo reparten los que comen con vinos de doscientos euros y nunca pagan (en Oviedo, en Chicago, en Castellónfabra o Nápoles; lo mismo). Y esta vida cazurra se la sortean quienes toman vinos juntos. Si no estás en la barra, en el mantel o en la pomada de peñas y cofradías, no existes. Olvídate. No contarás. Serás un cero, un mudo. Así que, a beber, chaval, págate unas copas. Dejarás de no contar, aunque serás el último en llegar y pillarás poco, pero palmadas no te faltarán. Tras reconquistar al moro la ribera toresana, Alfonso XI lamentó solemnemente: « Tengo un Toro que me da vino... y un León que me lo bebe », como diciendo «vaya par de animales tengo en casa», aquel reino suyo. Porque aquí, de antiguo, fue norma destetar con vino; y a los de siempre, con vinagre. Un chupete mojado en orujo y rebozado en azúcar sirvió para dormir a la crianza de cuna y templarles su lloriqueo de taladro. El 1906 se bebía de media en estas tierras dos litros de vino al día por cabeza (lo dice el almanaque Bailly-Bailliere de aquel año). Si bebes, ves a gente (y hasta verás el doble de todo) y te sentirás grandón. A beber, chaval; bébetelo. Empieza por donde empezaron tus viejos, que parecen olvidarse del torzón de cubalibres y pippermint que pillaban queriendo pillar. Arrímate al botellón . O estás en el corro o no cazarás roce ni tetilla. La vida es así. Esta vida. Hay otras, pero no cuentan en el reparto de las cosas y favores, salvo que alcances alguna calderilla siendo de una oenegé o catequista de ciudadanías en inglés. Ahora es otoño. A beber. A matar los primeros fríos. Al catarro, con el jarro. Los pobres de misericordia se lo gastan todo en vino porque lo único que puden sacar de este mundo es sueño y olvido (me cae bien la peña punky que pide por donde Correos; son afables y retrecheros, sueltan piropos a las señoras y se van ellas bien servidas con una sonrisa, esporpolladas). Y si Pereira dice que Dios eligió el vino y no una fanta, como demuestran las Escrituras, beber ha de ser una experiencia religiosa, cosa que sabía muy bien fray Cubata, en todo León conocido; o esas cervezas europeas que se anuncian con con frailotes orondos catando cubas monacales. ¿Quién no ha cantado alguna vez «Dicen que nuestro pueblo no figura en el mapa, pero bebiendo vino nos conoce hasta el Papa»?.

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