En la chacra
MANDAR al enfermo a un cruce de caminos, lejos de casa, esperando que se cure por sí mismo o pase por allí el milagro andante, no era sólo privativo de los astures. A principio del siglo XX, unos emigrantes españoles en la Amazonía peruana hicieron algo parecido con uno de sus hijos, siete años, pobre criatura, infectada una pierna y gangrenada. Hay que cortar, dijo el médico, cirugía radical. Cortarle la pierna a un niño será hacerle un desgraciado para toda su vida, determinó el padre; y decidió abandonarle junto al Amazonas en una alejada chacra con su caseto palustre, sin provisiones y con sólo un viejo sable o machete por si venía el tigre. La muerte del crío no era probable, sino segura (incluso unos indios le capturaron y proyectaron sacrificarle a los dioses de la fecunidad). Royendo estaca para matar hambre o comiendo frutos silvestres, aquel chavalín vio cómo el agua del río y la instintiva resistencia fueron curándole las llagas de la pierna. Se restableció hablando en su soledad con la diosa Pacha-Mama, hablando con el río, hablando con los monstruos de la razón, hablando con la noche y sobrecogiéndose porque pasaban los días y nadie de su casa volvía a recogerle. Habían aplicado con él una piedad despiadada, terrible.
El caso es rigurosamente cierto. Lo cuenta Ángeles Núñez Pérez en un relato novelado, «El héroe de la chacra», que presentamos la pasada semana en esta ciudad, arropando a su hermano, Manuel, que la representaba por andar ella en cuitas hospitalarias de las que deseamos salga en breve dando para ello una orden que nos sale del corazón, conjurándonos por su salud, porque Angelines -la Chata, dicen cariñosamente sus hermanos- es una mujer de talla, de entraña, de pluma comprometida y volcada a la felicidad de los demás como única puerta para su sonrisa. Fue monja y es psiquiatra, fue generala de su orden y es impulso vitalista en cada charla. Gran mujer.
Lo que cuenta en su libro es rigurosamente cierto, por más increíble que parezca, caso bien conocido por ella (su propio marido es el Raul de la narración). Has de leer ese libro, lector, y verás cómo la voluntad y hablar a Pacha-Mama convierte el Amazonas en un Jordán sanador y a un niño desahuciado en un héroe del vivir. Ruego a los cielos que ese río pase ahora por la orilla de Ángeles, junto a su cama.