Los expertos recuerdan en el Día Internacional la fragilidad de los ecosistemas montañosos

Las montañas y quienes habitan en ellas son cada vez más vulnerables

La deforestación, la contaminación y el cambio climático son las principales amenazas

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Miguel J. Tré
León

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Las montañas son esenciales para la vida del planeta porque, además de albergar a cerca de 300 millones de personas, son fuentes de recursos tan valiosos como la biodiversidad, el agua, la energía, el alimento o el ocio. Coincidiendo con la celebración del Día Internacional de las Montañas, desde la ONU se indica que su vulnerabilidad está provocada por el impactos de la actividad humana como el crecimiento demográfico y de la agricultura, la expansión de los pastizales y el exceso de pastoreo, que han contribuido a incrementar la deforestación, los incendios forestales, el desarrollo de infraestructuras, la contaminación y las guerras.

El agua es otro de los recursos naturales que se está viendo amenazado, ya que lagos, ríos y arroyos son muy vulnerables a cambios ambientales como la deforestación y la contaminación. Pero este no es un problema que afecta sólo a los habitantes que viven en zonas montañosas, también al resto del planeta ya que al menos la mitad del agua dulce superficial proviene de las montañas. Además, dado que la población de peces de estos entornos acuáticos de altura es limitada, el riesgo de sobreexplotación es todavía mayor.

Falta de alimento

Los expertos recuerdan que los ecosistemas montañosos son bioindicadores de las transformaciones y efectos negativos producidos en el medio ambiente. Sin embargo, se han desarrollado pocos estudios al respecto debido, en muchos casos, a las dificultades de trabajar en esas zonas. Por eso, reclaman mayores esfuerzos para estudiarlos y protegerlos, así como para predecir los cambios que se avecinan.

Las regiones montañosas más perjudicadas están en el continente africano, además de por la intensificación agraria, por haber sido escenario de más del 60% de los conflictos armados, seguidas por las de Suramérica, afectadas también por los terremotos. Las menos alteradas son las de Norteamérica, Centroamérica y Groenlandia, aunque estas últimas serán las que más sufran los efectos del cambio climático. Por su parte, las del noroeste andino, California y el Cáucaso son las que tienen más amenazada su flora y fauna. Las montañas constituyen el mejor refugio para la biodiversidad cuyos hábitats han desaparecido en las partes bajas por su transformación en campos de cultivo y pastizales. Es el caso de los bosques tropicales en lo que habitan especies tan representativas como el gorila de montaña (África), el oso de anteojos (Andes) o el panda rojo (Himalaya).

Según recoge la revista Consumer, la protección de los ecosistemas montañosos debe incluir también a las personas que viven en ellos y garantizar su desarrollo sostenible.

Los datos que maneja la FAO indican que un total de 22 países, muchos de ellos con una numerosa población de montaña, se encuentran en una situación muy delicada debido a los altos niveles de hambre crónica y a la dependencia de los productos alimenticios y petroleros.

La citada organización calcula que cerca del 75% de la población de montaña sufre de inseguridad alimentaria y alerta, además, de las altas tasas de falta de micronutrientes, uno de los factores que contribuye a que en estas regiones la mortalidad infantil sea considerablemente más alta. Advierten, asimismo, de que la presión cada vez mayor por los recursos de montaña como el agua, es una fuente futura de conflictos. Recuerdan, además, la disminución de la biodiversidad doméstica en un entorno en el que sus habitantes han vivido tradicionalmente de especies adaptadas a las duras condiciones de montaña, lo que también contribuye a la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

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Para combatir este problema, FAO propone promover entre la población de montaña la utilización de métodos asequibles y ambientalmente correctos para conservar la biodiversidad y las especies autóctonas que les sirven de alimento, y aplicar políticas específicas para las regiones montañosas que tengan en cuenta la fragilidad del medio ambiente y las necesidades de las montañas, así como los intereses y las prioridades de la población local.