Palimpsesto
HUEVOS de pájara quieta tienen los paisanos raposos que se aquedan tras la sebe donde ponen el nido de sus miradas emboscadas. Es el vicio de esta mi tierra -¿mía, nuestra?- y su maleficio: nacidos para mirar... y para «estar a las caídas», que a eso estamos.
Al pie de esa sebe pasa el camino. Por el camino van y se cruzan gentes mil, cada cual con su sueño y su trampa.
No todos siguen el camino. Alguno lo abandona y deriva campo a través buscando algo distinto a lo que sabe le espera en su destino. Si después lo siguen otros, se va haciendo vereda. Muchas veredas se convirtieron después en sendas, caminos carretales y autopistas que son hoy esa malla de caminos que, a vista de pájaro, forman sobre estas geografías una tela de araña dibujada en una borrachera.
Leyendo la tierra desde el aire, se ven también los caminos muertos o semiborrados y, escrita encima, la nueva urdimbre de pistas y velocidades. Este suelo está lleno de trazos que escribieron los siglos pasados. Quien sabe leer lo borroso averiguará nuestra historia sin tener que levantar la vista del polvo; no necesita romperse la nuca ante arbotantes góticos o peñas verticales de la garganta del Cares, garganta profunda que delata traiciones y caínes en esa puerta del agua (watergate, dice aquí un erasmus con espinillas).
Las escrituras borrosas o escondidas bajo los nuevos trazos, bajo lo oficial, recuerdan lo que es un palimpsesto: texto en pellejo de borrego, papiro o tablilla escrito sobre otros textos anteriores que fueron borrados o raspados (no del todo), cosa de escaseces y economías piojosas.
«León palimpsesto» se ha titulado un librote guapo y reciente en el que andamos unos cuantos poniéndole ojos o arrimando letras a este viejo pellejo de montes y páramos. La tierra -y más la ciudad- es un puro palimpsesto.
A los curiosones y descreídos les gusta averiguar o deducir lo de abajo. lo que se fue borrando. ¿Qué escribieron?, ¿qué borrarían?.. Ahí están, seguramente, algunas claves que explicarían lo que somos y por qué. Me apunto a la indiscreta indagación... Pero nos aguarda una decepción: no hay nada nuevo en lo que se escribió y raspó, poca cosa, sólo matices, porque sobre las sucesivas escrituras se ha ido caligrafiando prácticamente lo mismo; sólo cambian los nombres.