CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Después de Dios
UNA estafa histórica y un bochorno nacional sacuden el orgullo euskaldún de los Estados Unidos Vascos . Unos hallazgos arqueológicos en Iruña Veleia (ciudad alavesa prerromana y romanizada) fueron inventados para demostrar que los vascos eran ya la hostia mucho antes de Jesucristo, buenos son ellos, pues aparecieron en una ostraca (cerámica con inscripciones) algunos vocablos en euskera y hasta un Calvario del siglo III en cuya cruz figuraba un RIP, inscripción que no se inventó hasta siglos después. En fin, que esos restos se han demostrado más falsos que las mulas de Cabo. Para llevar el agua al molino nacionalero el arqueólgo del invento quiso reescribir la historia y nos brindó una historieta. La estafa es mayúscula,
De esta catadura hay no pocos historiadores, sobre todo entre los ociosos o los que buscan gabelas en las exaltaciones localistas; de la historia ven lo que les interesa, ocultan el resto o, como aquí, manipulan las pruebas de la gloria o del crimen... y se visten después de académicos dontrancredos o de doñajimenas latiniparlas ofreciéndose a miniar las genealogías del señor conde o el cronicón del municipio cobrando cada adjetivo a diez mil.
Son ganas despepitadas por parecer algo y distinguirse. Las naciones nacionalistas y los pueblos nacionaleros pagan para que se demuestre que son distintos, estirpe antigua y dueños de lo que pisan y alcanzan a ver. Así que se manipulan o inventan pruebas con total impunidad y aplausos.
Algo de esto nos pasa aquí, pues lo mismo exaltamos ahora a reyes de horca y cuchillo para vestirnos nosotros también con su Reino, que convertimos en ídolo prehistórico el hierro de marca de una ganadería. « Cuéntame un cuento y verás qué contento »...
Un precedente cierto: el cronista al que encargaron la genealogía de la Casa de Quirós, vieja nobleza asturiana cuya soberbia se estampa en su escudo con un « Después de Dios, la Casa de Quirós », asegura en su mamotreto ser tan antigua la estirpe de este apellido, que ya en el siglo I se vendieron dos quiñones de su heredad para costear el viaje de un emisario que mandó esta familia a Jerusalén para transmitir oficialmente el pésame de los Quirós a la Virgen con motivo de la muerte de su hijo... Y el pueblo lerdo se dispuso a creerlo y babeó el orgullo ajeno.