CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Una bellota
COMO esta crisis no es broma, dicen que hay que contar chistes por si es verdad lo de «a mal tiempo, buena cara». Chistes malos, digo yo, chistes memos, porque la cara de pánfilo y de acelga que se nos va poniendo lo exige, comenzando por el peor: «Van dos en una moto... y se cae el del medio»... juá, juá, juá...¿los dos de la moto eran Garzón y Bermejo?... ¿y el de enmedio?...
No es mucho mejor el eterno chiste de críos que cuenta lo de una señora por la calle con su perrito llamado Mistetas, por no citar el del tontolaba en una confitería al que advierten «oye, que se te está cayendo la baba» y dice «bah, tengo más» (¿o era una tontalchichi ante un escaparate?).
A estas alturas, el lector sagaz ya sabe que esta columna está imitando a una campaña publicitaria que frecuenta hace días radios y teles con un «aparca la crisis», imagen chusca o un chiste con puta gracia y, zás, te venden después la moto, o sea, un coche. Naturalmente, al final de estas líneas tendré que venderte algo, querido lector, otra moto.
Prosigamos hasta entonces con otro chiste pellejo: El conde de Azadinos regresa a la corte con los tres mil de sus mesnadas maltrechos y abollados, una pena, y el rey le increpa «¿cómo es posible esta humillante derrota, si los del conde Fernán eran sólo veintisiete según los emisarios?... ya, majestad, pero es que antes nos rodearon».
El último: Un francés y un inglés rivalizan con un español (gallego, sin duda) sobre la riqueza fonolingüística de sus idiomas; «nada como el francés, que se escribe aurevoire y suena... orvuar»; «ya, pero en inglés se escribe shakespeare y suena... sespir»; y el galego se luce, «pues en castelán escríbese gaita y suena... tíruliii».
Y vayamos a la moto. ¿Qué te gustaría comprar ahora que vienen flacas, si es que vienen... o sólo sueñas con un zambombazo de lotería para comprártelo todo y escojonarte de estas zarracinas financieras?... Pues lo siento, lo único que puedo venderte es una bellota; y ni te la vendo, te la regalo. Con ella podrás taponarte el culo si la descomposición de la flora bacteriana viene líquida y cañonera, aunque espero y deseo que la siembres en el rincón o cuesto que elijas y que nazca allí un roble que pueda dar sombra un día cuando el desierto venga a instalarse entre nosotros seis meses al año.