| Análisis | Crisis de la utopía urbana |
Lo rural seduce a los urbanitas
Las barreras entre ciudad y campo están difusas, las pautas de vida de la primera se reproducen en el segundo y viceversa; pero el 63% de los encuestados prefiere los pueblos

Un estudio del CIS confirma que la vida en el mundo rural seduce cada día a más urbanitas
madrid
Como ocio y como negocio, como opción de vida, el campo, la vida rural, seduce cada día a más urbanitas.
«Vende, está de moda», asegura Francisco Javier Herrera, presidente de la patronal de turismo rural Asetur. «Es muy, muy cool», confirma Isabel Mesa, experta en predecir tendencias sociales.
«Vivimos un proceso -comenta Jesús Oliva, profesor de Sociología Urbana en la Universidad Pública de Navarra- en el que las barreras entre ciudad y campo están difusas. Pautas de vida típicamente campesinas se reproducen en las ciudades, y viceversa. No podemos definir ciudad y campo como lo hemos estado haciendo hasta hace poco».
La moda, la decoración, los materiales con los que se construyen algunas casas, la alimentación, la industria del automóvil -el auge vivido por los 4x4, coches pensados para el campo que muchas veces no salen de la ciudad-, hasta la medicina y la higiene... dan testimonio de ese proceso que el profesor Oliva denomina neorusticidad. «El imaginario rural, tan desprestigiado durante años, se ha revalorizado», insiste.
El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) confirma una tendencia en alza y universal. Así, el 63,2% de los encuestados para un estudio sobre «La juventud rural española» aseguraba que se vive mejor en los pueblos, frente al 24,4% que prefiere las ciudades. Del medio rural valoraban, sobre todo, una vida más tranquila (79,1%), más agradable (15,5%), más segura (18,5%) y solidaria (17,1%), y que la vivienda sea más barata (10,9%). También apreciaban inconvenientes: menos oportunidades para todo, menos trabajo y peores servicios.
Esas mismas ventajas son las que parecen haber descubierto los cada día más numerosos urbanitas que descubren los placeres, y también los inconvenientes, de la vida rural, aunque sólo sea durante los fines de semana.
El profesor Oliva advierte, a propósito de los inconvenientes, de la aparición de problemas nuevos como el «mobbing rural» que dicen sufrir agricultores y ganaderos «que de pronto comprueban cómo lo que han hecho toda su vida desagrada a algunos vecinos de fin de semana, a los que no les gusta tener junto a su casa una granja con cerdos o vacas».
«El campo -asegura- vive en estos momentos una verdadera ebullición, debido a una crisis de aquella utopía urbana que en los años 60 y 70 relacionaba la ciudad con un mundo más moderno, cómodo y menos precario. Vivimos un momento en el que se valora casi todo lo relacionado con el ámbito rural».
Isabel Mesa, directora para España y Portugal de WGSN, empresa con presencia en más de 50 países y dedicada a observar cómo se comportan los consumidores y hacia dónde dirigen sus gustos, lo tiene claro: el auge de lo rural surge «como reacción a la situación de consumo opulento, irreflexivo, de los últimos años. La gente -dice- se ha dado cuenta de que no es posible mantener ese estilo de vida».
Mesa habla de la necesidad que sienten cada vez más personas de recuperar un estilo de vida más simple y sencillo, sin desdeñar un «lujo humilde», «de mirar la vida con mayor tranquilidad», de «volver a la naturaleza». «Hay una corriente profunda en ese sentido que, en los momentos actuales de crisis, tiende a ir a más», insiste. La tendencia, continúa Isabel Mesa, se manifiesta en el consumo, en la moda, en la decoración, en la compra de alimentos cultivados de modo ecológico, en el ocio, con un turismo rural en auge, «cuando no en irse a vivir al campo».