CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
San Calentón
AUNQUE estemos en su octava, atrás queda san Valentín y vuelve a su altar de todo el año san Calentón, patrono de flujos y braguetas.
El amor es seguramente el tema del que más se ha escrito, puebla estantes de bibliotecas y en mamotretos respetables se estudia de cabo a rabo, o sea, del corazón al ciruelo. Sin embargo, al final la pregunta es siempre la misma: ¿pero qué coño es el amor?... Quizá sea la única materia de esta vida que se crea, se destruye o se transforma... y dé qué forma... ¿y quién no tuvo un amor puro que se desguazó estrepitosamente?... o ¿quién se fía del amante reconciliado?... ¿tú me quieres?...
El amor de verdad no necesita preguntar, por eso sabes que los que más te quieren son los que menos preguntas te hacen.
José Antonio Marina ha publicado un libro, «Palabras de amor» en el que ensaya respuestas conjugando cartas de personajes históricos humedecidas por este gran sentimiento humano que no tienen las tórtolas ni los albatros, aunque se emparejen de por vida; ni siquiera el pelícano, que se pica el pecho para que brote sangre cuando no tiene agua para dar de beber al polluelo.
El ochenta por ciento de los españoles confiesa no celebrar san Valentín y piensa que el Día de los Enamorados es una chuminada (que viene de chumino) sospechando o sabiendo que es un truco comercial basto y vasto, tan global que estomaga, de modo que se ahorran atender al decreto consumista y pasan la fecha sin mención. Loable resistencia. También puede concluirse que el número de enamorados ciertos es poco significativo. Muchos se van a la fosa sin haberse enamorado jamás: «matrimonio es igual a patrimonio»... El amor es pura lotería, sólo dos premios gordos entre cien mil; lo demás es pedrea... o pedrada.
Pero hay otro amor cierto que no viene con flechazo, sino en el esfuerzo de los días, amor crecido y marinado en alegrones y penas crudas. Es el amor tacaño de gesto o mimo de quien se ayunta para tirar del carro a la vez sin temer atollarse, cosechándose el respeto y buscando el rozarse el lomo para espantar moscas y escozores...
El amor sólo es para quien lo trabaja; nunca se pudo comprar. Díselo al de la tienda... O como aquel: «Cariño, quince años y aún no me compraste nada»... «Ah, ¿pero es que vendías algo?»...