CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Como el moro
VERÁSTE tú... no presumas de cosa propia al fardar de ritos ancestrales y Semanasantas originales o de rezos singulares, tararís apocalípticos o procesiones al patíbulo... porque el asunto viene inventado de lejos, de muy lejos, y a través de otros, a veces contrarios... Son rastro redivivo de antiguas religiones vencidas, difuntas o aún muy vivas. Las cuaresmas, por ejemplo, fueron budistas, hindúes, hebreas o persas antes que cocineras; y cocineras antes que monjas o sacristanas. Lo de ayunar una temporadita al año es invento muy antiguo. El cristianismo lo adoptó por ser medida moderadora, saludable... y santa, merecedora de la sonrisa de los cielos, costumbre muy ascética de hambres y disciplinas que practicaban con ejemplar rigor los muslmanes que convivían con el cristianismo hispano bajomedieval. Su ramadán está copiado de lo hebreo, que, a su vez, lo imitó de religiones orientales, tan dadas a ostentar su religiosidad en templos, plazas o peñascas sembrándolo todo de shadus, fakires o santones ensimismados que se traspasan con hierros, se desuellan y se hacen perrerías místicas de mucho espanto.
Aquella España que convivió estrechamente y compitió siete siglos con lo moro admiraba en secreto la rigurosa observancia musulmana, su convencida y pública práctica religiosa. No quiso ser menos. Retacó la Cuaresma de ayunos (y de bulas, que quien hace la ley hace la trampa). Pero algo muy literalmente copió el cristiano viejo del moro, sus dos formas de rezar: la silenciosa y respetable (el rosario que inventó santo Domingo) y la ruidosa o desvergonzada (sus cortejos disciplinantes, la procesión voceada latigándose, haciendo sangre y pregonando ostentosamente una fe rotunda y guerrera, que lo era y lo es). El rosario lo copió el moro a su vez del tibetano de mística repetitiva, oriente que exportó también el rito sanguinolento de torturarse la pelleja, lacerarse o matarse poco a poco. Qué bestias, cuánta sangre.
De ahí vino lo nuestro, papón y moro, eso que crees tan exclusivo y tuyo, pues del moro se copió hasta la bandera con ganas de ser chopo, esos pendones que supones tan únicos y sólo de aquí. En procesiones, estandartes, disciplinas y matracas, somos muchísimo más chiíes de lo que imaginas. Nos encanta en el fondo su fundamentalismo.