CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

Curvas, culos

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CARLA en el objetivo: culo a la vista. Letizia ante las cámaras: curvas lisas de galga. La atención informativa del mandatario francés (y su esposa o mando natural) pasó por repasar anatomías: las alzas del zapato de Sarkozy, la esbeltez de su mujer, los trapos de las unas y las otras... y esa obscenidad de las cámaras de los telediarios que escalaban la talla de la Bruni como si fueran la mano de un sobón empezando por los zapatos, explorando las pantorrillas, deteniéndose un instante en el triángulo de las verduras, reclando en el busto de blusa o escote y rizando el vuelo por la cara en busca quizá de unas patas de gallo, un mal gesto, un buen rimmel... en fin, pormenorizando el recuento de las armas de mujer. No podía creérmelo. El telediario era un repaso rosa. Supuse que las redactoras de esos medios, como mujeres que creen haber superado la condición de objeto, habrán protestado por esa cosificación femenina de las esposas o acompañantas de hombres públicos. Pero supuse también que a no pocas redactoras lo que les interesa son esos ángulos del espectáculo porque la cosa vende y el mujerío se aposta ante las teles para escudriñar precisamente esas caras y esos culos, esas curvas y la plástica del trapo, del glamour, de lo fashion y los perfumes del poder; hasta en la radio (Boris reclamaba con ansiedad histriónica en el programa de la Nierga que le describieran con pormenores todos los detalles e indumentarias de Carla Bruni... ¿y se ofendió alguien o alguna en ese programa de tanta corrección política y de tanta sensibilidad feminista?).

No eran una princesa y una primera dama, sino los bibelots de cuché que se ponen en escaparate y sobre los que hay que describir vestimenta, maquillajes, complementos, zapatitos y tal. No son mujeres. Las tratan como a un armario con tacones.

No he visto a esas mismas cámaras plantarse ante Zapatero o Sarkozy, ante políticos o banqueros, y hacerles el mismo recorrido detallista y corporal mostrándonos sus zapatos, la raya del pantalón, el cargue a la derecha o a la izquierda decretado por su sastre, la chaqueta, detallitos de la corbata...

No me escandaliza, pues, que Berlusconi embuta en sus listas a media docena de jacas del glamour italiano, cinco potras ante las que se rendirán a las cámaras. Visto lo visto...

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