LITURGIA DOMINICAL | JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
Domingo del Buen Pastor
ASÍ ES tradicionalmente conocido este domingo cuarto de Pascua, día tradicionalmente consagrado a la oración por las vocaciones.
Para comprender la importancia que tiene en la Biblia el tema del pastor, hay que remontarse a la historia. Los beduinos del desierto nos brindan hoy una idea de la que fue, en un tiempo, la vida de las tribus de Israel. En esta sociedad la relación entre pastor y rebaño no es sólo de tipo económico, basada en el interés. Se desarrolla una relación casi personal entre el pastor y el rebaño. Pasan días y días juntos en lugares solitarios, sin nadie más alrededor. El pastor acaba conociendo todo de cada oveja; la oveja reconoce y distingue entre todas la voz del pastor, quien frecuentemente habla con las ovejas. Esto explica por qué Dios se ha servido de este símbolo para expresar su relación con la humanidad. Uno de los salmos más bellos describe la seguridad del creyente de tener a Dios como pastor: «El Señor es mi pastor, nada me falta...».
El hombre de hoy rechaza con frecuencia esta imagen, sobre todo, el papel de oveja y la idea de rebaño, pero no se percata de que está completamente dentro. Uno de los fenómenos más evidentes de nuestra sociedad es la masificación. Nos dejamos guiar de manera supina por todo tipo de manipulación y de persuasión oculta. Otros crean modelos de bienestar y de comportamiento, ideales y objetivos de progreso, y nosotros los seguimos; vamos detrás, temerosos de perder el paso, condicionados y secuestrados por la publicidad. Comemos lo que nos dicen, vestimos como nos enseñan, hablamos como oímos hablar. Al final, aun sin quererlo, somos ovejas-¦ Vivir el Evangelio se puede convertir en una alternativa liberadora, hacer las cosas al modo del Señor Jesús. Bajo un pastor hecho así, no es humillante ser una oveja, si no que es salvación. Él es el primer mártir de la opresión. Fue conducido también él como oveja al matadero, pero con su martirio inauguró el cambio total de los valores y creó una posibilidad nueva en las relaciones humanas. De ahora en adelante, la gloria verdadera no estará en ser servido y pastoreado por los súbditos, si no en servirlos y alimentarlos. He aquí por qué nosotros, los cristianos, no tendremos ningún miedo y ningún complejo en sentirnos llamar y aceptar ser «grey que él pastorea». Todo ello debe despertar de nuevo en nosotros el sentido gozoso de nuestra pertenencia a Cristo Buen Pastor, la convicción de ser por él conocidos y amados. Pero también debe despertar de nuevo el empeño en no traicionarlo para caer bajo las pesadas sumisiones y esclavitudes. Jesús nos da un signo de reconocimiento para ver si somos de su redil: Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. ¿Reconocemos nosotros la voz de Cristo, aun en medio de mil llamadas del mundo? ¿Somos capaces de estremecernos al sonido de su voz, aun en este momento?
Tengamos también un especial recuerdo ante el Señor para que haya hombres y mujeres que no teman dedicar su vida y lo mejor de su existencia a un seguimiento radical de Cristo, Buen Pastor, para bien de su pueblo.