Diario de León

Diario de una aventura

Hacia el glaciar Humboldt

Comenzamos la aventura ártica y nuestro primer objetivo es el glaciar más grande del hemisferio norte y el segundo del mundo, con más de cien kilómetros de frente

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León

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Estamos a latitud 78º norte, a tan sólo 1.300 kilómetros del Polo Norte en uno de los lugares sin duda más aislados y hostiles del Planeta. Para hacernos una idea de este vasto territorio que es Groenlandia, hay que tener en cuenta que mide dos mil quinientos kilómetros de largo por mil de ancho, es decir, casi como Europa. Y en ese inmenso universo de hielo viven tan sólo 58.000 personas, y el ochenta por ciento son de la etnia inuit, aunque nosotros los conocemos más bien como esquimales. Otro dato significativo que nos da una idea de la cantidad de hielo que hay aquí es que prácticamente todo el territorio está cubierto de nieve y hielo, con espesores en el centro de más de tres mil trescientos metros de hielo. Es tal el peso que ejerce esta enorme masa de hielo que la tierra en el fondo se ha aplastado. Es decir Groenlandia es cóncava en su interior e incluso está el fondo por debajo del nivel del mar. Es la segunda isla más grande del mundo después de Australia, y casi todo un gran bloque de hielo, con miles de glaciares además de grandes cordilleras montañosas.

Ninguna de las pocas poblaciones que hay en Groelandia están conectadas por carretera, apenas hay algún kilómetro, y sólo es posible utilizar los pequeños aeropuertos de algunas de estas localidades, o acceder por barco en las del sur, porque al norte casi no llega nadie de ninguna manera. Para que os hagáis una idea sólo hay un vuelo a la semana hacia Thule, es un pequeño avión de treinta pasajeros, y ni siquiera se llenó la mitad del avión cuando nosotros volamos a este remoto lugar. Thule, con seiscientas personas y Siorapaluk con cuarenta, son las poblaciones nativas más al norte del mundo, y aquí, amigos comienza nuestra gran aventura. El objetivo más inmediato es alcanzar el glaciar de Humboldt, muy al norte, en la llamada tierra de Inglefield.

Se trata del glaciar más grande del hemisferio norte y el segundo del mundo, con más de cien kilómetros de frente, y allí se concentra una de las más grandes reservas de osos polares del Planeta. Pero no sólo veremos osos, también hay muchos caribúes y bueyes azmilcleros.

Aquí en Groenlandia también hay restricciones para la caza, aunque casi no hacía falta ponerlas, porque ya prácticamente los cazadores esquimales están desapareciendo, apenas hay en Thule veinte, y de esos veinte, tres de estos expertos nos acompañarán en la que está considerada una de las grandes rutas de caza de los antiguos esquimales. Es una ruta larga, difícil, y peligrosa, que intentaremos hacer como los auténticos esquimales e igual que en el siglo pasado la hicieron los exploradores que llegaron al Polo Norte. Precisamente este año se cumplen cien años de la primera llegada al Polo por Peari. Se necesitan muchos días para llegar a la tierra de Inglefield, y no hay ayuda posible. Hay que tener en cuenta que sólo se puede llegar de una manera: en trineo arrastrado por perros groenlandeses.

Cruzaremos varias veces el mar helado, ascenderemos por un glaciar muy duro, lleno de temibles grietas que nos da acceso al llamado Inlandis, que es en realidad el casquete polar, y luego descenderemos por otro glaciar hasta la tundra, para proseguir de nuevo hacia el mar helado. Los trineos cargados estimo que pesarán unos cuatrocientos kilos a los que hay que sumar nuestro propio peso. Somos Emilio Valdés, María March, Miguel Herrero, Ramos Larramendi, tres esquimales inuit, y yo. Son en total cuatro los trineos con este brutal peso, y hoy comenzamos la aventura. Por delante tenemos una ruta de cincuenta kilómetros de mar helado hasta la siguiente y última aldea en estas latitudes: Sierapaluk. Ramón y yo hemos decidido que haremos todo exactamente igual que hacen los inuit, desde conducir nuestro trineo hasta desenvolvernos en todas las tareas cotidianas.

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