CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO
Furaco quiló
ALBRICIAS, ese oso cantabrón y funcionario que mandó Revilla a conquistar las ganas de dos vecinas asturianas, y preñarlas de una atacada, llevaba dos año vagueando de interés, no le tentaba el aquitepillo y no arrimaba el material a la causa repobladora de la especie... jodío Furaco... y Paca y Tola se admiraban y se reían de ese macho de mucha facha y ninguna mecha... a saber qué no habrán chismorreado en todos estos meses, a saber qué burlas no habrán cosido entre dientes esperando en balde un arranque y una delicadeza bruta del osazo, esto es, un «ponte ahí, zagala, que te arremeto».
Ese proyecto de regenerar el oso cantábrico metiendo dos hembras y un solo macho en un recinto cercado parece descompensado y no procede, pues las dos osas podían comentar, urdir o consolarse, mientras que el pobre oso no tenía a quien contar sus proezas o polvos y esa es seguramente la razón por la que ha venido rehusando o aplazando la coyunda... jodío Furaco... y pasó de llevarse al huerto a esas dos ositas, a pesar de que son, como exige la devoción asturiana, virginales, pequeñinas y galanas.
Los tres bichos, además, son funcionarios, no viven silvestremente, no siguen mandato salvaje, ni tienen que trabajarse el bocado con caminatas, asaltos a colmenas o recolecciones, ya que rutinariamente cada día y a su hora les llega el papeo por el papo, frutas, frutos, carnes, salmón noruego... y pasiegos o anchoas que manda Revilla desde Santander.
Me pongo en el caso de Furaco y quizá procediera de igual modo. «Paisa, la prisa mata», diría el moro amigo de Marrakech. Alarguemos esta gloria y el menú de cada día, diría el oso que llevamos dentro. Pero al final sucumbió al instinto ese oso vago. Y quiló. Seguramente ya has visto una docena de veces las imágenes del animal pillando a Tola por la retaguardia y retacando sus amores por donde manda el arte natural, embutiendo el pizarrín en el misterio, dale que dale, mientras los biólogos que dirigen esas investigaciones aplaudían la hazaña que les prorrogará su contrato de alcahuetes. Pero creo que la has cagado, Furaco, y has de permitirme un consejo: reza para que esas dos osas no queden preñadas o se te acabará el chollo y te devolverán a la montaña a lamer peñas y roer hayucos... si los hubiere.