Diario de León

CORNADA DE LOBO | PEDRO GARCÍA TRAPIELLO

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Pedro García Trapiello

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ANDUVE semanas atrás dando charletas a guajes de Primaria. Tienen este año jornadas de «prensa y escuela». Esas criaturas son temibles. Una charla doctoral en paraninfo con pompa no acojona tanto al que tiene que subir al estrado. Los niños son otra cosa, otro mundo y una maliciada inocencia que da juego o descoloca. Y después está el conseguir atrapar su atención y no torrarles la impaciencia con palabreo picudo, porque si no, se te duermen, cuchichean, reburdian o disparatan y los profesores que les vigilan lo pasan fatal. Conclusión: el público más difícil que puedas echarte a la cara o al verbo serán siempre los niños; examinan.

Di tú que la última vez fue compartida la charla con Lolo y Mauri y eso es poner las cosas fáciles. A la chavalería inquieta les encandilan los dibujos y fotografías de estos dos colegas (y sin embargo amigos) de «La Crónica», dos perros viejos en lo de alcanzar a ver algo más que la cara de la noticia o de la foto, retratando la espalda de las cosas o riéndose con sólo un lápiz.

Fue en el colegio agrupado de Carrizo. La mañana se nos hizo corta. Me admiran estos críos que ya no parecen «de pueblo», como lo parecieron mi generación y anteriores, achantados, reverenciosos por decreto o vareo, acomplejados ante la autoridad del adulto o ante el extraño... y en aquellas escuelas... pupitre, armario, pizarra, foto de un general mirando, la salmodia recitando y un coscorrón volando para el que seguía el vuelo de las moscas o exiliaba su cabeza a pájaros.

Ya no se ven hoy especiales diferencias entre los escolares de capital y los rurales; bien al contrario. Los chavales de Carrizo nos sitiaron a preguntas y no se habría acabado el combustible ni la munición de haber durado la cosa dos horas más. Les noté con un desparpajo sano, nada inhibidos, exponiendo con soltura sus preguntas y comentarios. Cincuenta años atrás, en una situación escolar similar, sólo se hubieran atrevido a preguntar los cuatro de siempre: el empollón, el chivato, el pelotas y el simplón. Así éramos. O nos hacían ser.

Me caen bien, pues, los rapaces de pueblo. El patio de su escuela es la vida y sus alrededores. Y de entre ellos saldrán los cuatro emprendedores pispos que les acabarán comiendo los zancajos y la sartén a los listines de la capital... como siempre fue.

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