Diario de una aventura
¡Por fin en el Humboldt!
Las últimas etapas han sido de una belleza inenarrable: osos polares, zorros árticos, gigantescos icebergs, cascadas heladas... el nuevo desafío ha sido completado
Ya falta menos. Ahora estamos cerca de la única cabaña que tienen los esquimales en esta parte de Groelandia. Hace un año que no llega nadie... Antes tenemos que descender este collado con el trineo y aparentemente parece complicado. El trineo cobra vida propia, y se hace una bola junto a los perros. Ramón y yo corremos detrás de él sin conseguir alcanzarlo, hasta que se para contra unas rocas y por suerte se detiene justo cuando la parte más inclinada estaba por delante. Hemos salvado el trineo y los perros in extremis.
El trineo volcado, todo desperdigado, los perros hechos una bola. En fin, necesitamos mucho tiempo para recomponernos y continuar la bajada, con más miedo que vergüenza, aunque a eso de las dos de la madrugada alcanzamos la cabaña donde están todos esperándonos. Ramón y yo estamos extenuados.
La cabaña es auténtica como las del siglo pasado, donde nos metemos todos más el cazador de Sierapaluk que se nos ha unido al grupo. Conseguimos calentarnos, hacer una buena cena, unas risas, y todo colgado a secar por todas partes: camisas, parkas, «gayumbos», calcetines olorosos. Menudo jaleo de cabaña que tenemos, y aún más jaleo de ronquidos de toda la peña.
Por la mañana continuamos por el mar helado. El paisaje es brutal, lleno de icebergs que han quedado atrapados en el hielo como fantasmas que no se mueven. Todo es hielo, es de una magnitud fantástica, y el sol nos acompaña aunque las temperaturas son bajísimas.
Hay huellas de osos por todas partes. Las observamos y vemos que son muy recientes. El oso está cerca. Ramón saca el rifle y lo tiene a mano, no es una broma, estamos solos y es posible que vengan a husmear. ¡Mira hay dos osos! Efectivamente vemos por fin los osos en estado libre. Son increíbles, majestuosos, aunque los vemos algo lejos, más bien huyen de nosotros, pero los vemos durante diez minutos.
Así siguen las jornadas disfrutando de todo a nuestro alrededor: osos, focas, zorros árticos, bueyes azmilcleros, icebergs, mar helado, nieve, una costa increíble de montañas verticales con cascadas heladas. Es un autentico paraíso helado, donde destacan los icebergs tubulares, inmensas moles de hielo que se desprenden principalmente en estas latitudes del glaciar de Humbolt, y que son planos por arriba con millones de toneladas de hielo, que están por todas partes, atrapados en el mar helado, y por el medio de ellos avanzamos nosotros en los trineos arrastrados por perros. ¡Una gozada!
Por fin llegamos a nuestro objetivo, el día más largo de todos con 70 kilómetros de recorrido. ¡Estamos en el glaciar de Humboldt! ¡Desafío completado! El glaciar más grande del hemisferio norte y el segundo del mundo con más de 100 kilómetros de frente glaciar. Es la mayor reserva de osos polares del Planeta. Montamos el campamento en mitad del mar helado y acompañamos a los esquimales a cazar dos focas, necesarias para que los 60 perros coman además de nosotros. Sólo cazan por necesidad, nunca por otro motivo. Para nosotros ver cazar es duro, pero entendemos que es su única manera de sobrevivir; en esta parte del mundo quedan 20 esquimales que aún viven según las tradiciones. En 10 ó 15 años estos últimos inuits serán un recuerdo.
La aventura ha sido fantástica, no queremos marchar, nos hemos adaptado, especialmente Ramón y yo. Estamos muy orgullosos de haber conseguido llegar hasta aquí. Llamamos por teléfono satélite a una empresa que está en Canadá y contratamos un pequeño avión de hélices, le dimos nuestras coordenadas y aterriza en el mar helado, junto a nuestro último campamento, para recogernos y llevarnos de nuevo a Thule, desde donde os escribo esta última crónica.
Ahora, para casa. Pero pronto volveremos al Ártico, en apenas 20 días estaremos de nuevo en otro Desafío. Nos vamos al Ártico Canadiense a correr otra impresionante aventura.