Diario de León
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A la última | Rosa Villacastín

Ya sé que cuando usted, lector o lectora, entrevea que este artículo va de elecciones y encima europeas intentará «pasar» olímpicamente. No lo haga, pese al hartazgo que pueda sentir, porque son muchísimas ya las convocatorias que hemos concurrido desde que se convocaran las primeras en 1977. Intente, como lo hago yo, como lo hace muchísima otra gente, abordarlas con el mismo espíritu y la misma ilusión de aquellos años, porque creo, que a pesar de todo, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos, de ahí que la tenga en tan alta estima, así como el valor de mi voto.

Está a punto de finalizar la campaña electoral, una campaña en la que sólo los partidos pequeños -precisamente porque tienen mucho menor impacto mediático- han hablado de Europa y se han centrado en ella. Los grandes, ya se sabe, se han dedicado a la «noble» tarea de aporrear al contrario, centrándose en sus mutuas miserias, con lo que nos hemos enterado desde el uso masivo de los Falcon, hasta el número de escoltas que guardan las espaldas al ex presidente Aznar. Un espectáculo muy poco gratificante.

Ahora mismo cuando escribo este artículo me topo con una noticia de que la Comisión Europea va a adelantar 2.300 millones de euros para ayudar a España a recolocar parados. Tampoco es que nos los vayan a regalar, sino simplemente nos los van a adelantar para los programas que el Gobierno y las comunidades autónomas pongan en marcha su lucha contra la lacra del paro. Esto es Europa. Cierto es que a veces la vemos como una gran oficina llena de funcionarios que quieren organizarnos la vida y la de nuestros agricultores y empresarios, pero también es cierto que desde 1986 que entramos en la Comunidad Europea hemos recibido fondos ingentes que nos ha permitido cambiar la cara a este país, sobre todo en cuanto a infraestructuras se refiere. Hay quien dice con bastante fundamento que si no fuera porque pertenecemos a la Unión Europea en esta crisis económica tan tremenda lo habríamos pasado bastante peor. Por ello, y aunque sea para fastidiar al partido contrario o para evitar que al día siguiente nos pongamos colorados porque apenas ha votado la mitad de la ciudadanía, quiero queridos lectores, pedirles que se acerquen al colegio electoral a introducir su voto en la urna.

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