Al río
Tengo que piarla en un filandón de pescadores que programa la Semana Internacional de la Trucha este domingo en Gradefes y se entiende que habrá que exagerar allí anécdotas y pescatas mostrando el cuentacuentos que anida dentro de todos los que andamos el río con caña y lo medíamos con cesta, aunque ando yo últimamente que no doy un varazo al agua ni me brinca en la truchera una captura... ¿y qué contarles?... si me pongo a recordar tiempos mojados, no sé dónde lanzar el señuelo... el río me bautizó los pies muy de crío... y los ríos fueron las sendas por las que empecé a colarme en esta tierra de páramos de fuentecilla, riberas mansas y montañas enrocadas con sus mil trescientos valles y otras tantas independencias... gracias a escudriñar con el puntero de la caña los andurriales fluviales, llegé a los confines de lo cazurro y de la cazurrandia, a muchos parajes y descubrimientos que hoy encierro en el morral de los secretos para que no los desvirguen los listos y los violen los tontos, visto ya en qué han quedado algunos por haberlos desvelado en librillos y tochos naturalistas... sobran casos de profanación y asolación de rincones privilegiados o arroyos que los poetas llaman prístinos... ¿tendré que contarles, entonces, la patraña cierta de un penco de tres kilos doscientos que saqué con la gorra y muchos nervios en el coto de Sardonedo?... ¿la sensacional cestada de un cinco de abril en Pedrosa nevando a todo trapo y habiendo «sereno»?... ¿las zarracinas mañaneras en el Eria con gusarapas del Órbigo?... no, creo que les hablaré del río que cruza limpio mi memoria de guaje con una vara de palero pescando bermejuelas en San Marcos, estrenando mi primera caña en Villarroquel, pisando las pedreras de Ordás con Bernardo, peleando el río con Baltasar, maestre en rancajo y gusarapín, o con don Andrés, el maestro Trapiello a moruca y con cañavera sin carrete, o con Sáenz de la Calzada (Luisito le decía Pepe Equigaray) pescando a látigo y doctorándonos en entomología... y con Seve, Gelito, Jesús, Eduardo, Vitalino, Adolfo... el recuerdo de un pescador es un río de nombres que no se agosta... pero mi río de guaje sí se agostó y se muere y lo avasallan y lo apercollan y lo joden vivo...