El Corpus Christi
Liturgia dominical
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ MENES
DDudaba Pedro de Praga, sacerdote alemán, allá por el siglo XIII, sobre la presencia real de Cristo en la Hostia consagrada. Cuando aquel día celebró la Misa y pronunció las palabras de la Consagración, manó sangre de ella. La sangre caliente salpicó sus manos, el altar y los corporales. Quiso esconder la sangre, pero no pudo. El Papa Urbano IV residía por aquellos días en la ciudad de Orvieto, escuchó al sacerdote y ordenó investigar el caso prodigioso. Cerciorado el Papa, hizo trasladar la Hostia y el corporal con las gotas de sangre y los depositó en la Catedral de Orvieto. Encargó a Tomás de Aquino escribir la Misa y el Oficio del Corpus, introdujo la Misa y el Oficio en el misal y en el breviario e instituyó la fiesta de Corpus Christi.
La fiesta de mañana es una de las fiestas que el pueblo cristiano ha celebrado siempre con más creatividad y solemnidad. En casi todas nuestras ciudades y pueblos se organiza la procesión eucarística y se procesiona a Jesús Sacramentado en las custodias, muchas de ellas espléndidas obras de arte; esta solemnidad es también la titular de no pocos de nuestros pueblos. Hoy celebramos lo único que realmente podemos celebrar los cristianos y aun los hombres todos. Porque hoy celebramos el amor de Dios: que Dios es amor y que nos ama desmesuradamente. Todos los domingos celebramos fielmente la Misa para cumplir el encargo de Jesús. Pero hemos de constatar que, si bien celebramos la Misa en su memoria, no siempre parecemos tener buena memoria de lo que Jesús nos encomendó. Y así nuestra fidelidad en repetir el gesto de Jesús del Jueves Santo se contradice frecuentemente con nuestro retraimiento en llevar a la práctica y a la realidad de la vida todo lo que hizo y nos encomendó Jesús.
Con frecuencia nos quedamos en el rito, en el jueves santo, pero no llegamos al Viernes Santo; no acabamos de pasar del rito a la vida, del sacramento a lo simbolizado, de la comunión como gesto a la comunicación de bienes como exigencia cristiana. Celebramos el amor de Dios, que nos amó hasta la muerte, pero no hacemos del amor de Dios un modelo para nuestro amor al prójimo. Y así celebramos la memoria de Jesús, pero estamos perdiendo su memoria, olvidando su lección y su ejemplo, por más que repitamos sus gestos y aun sus palabras. Tenemos que recuperar la memoria para recordar todo lo que hizo y dijo Jesús, para no mutilar el Evangelio, ni desfigurar la imagen cristiana, ni convertir la Misa en una bagatela, como a veces convertimos la caridad en limosna.
Tenemos que recuperar la memoria de Jesús para comprender que el Jueves Santo y el Viernes Santo están inseparablemente unidos, como lo están la Misa y la misión cristiana, el amor de Dios y el amor al prójimo. No es de extrañar que precisamente en este día se celebre el Día de Caridad, de Cáritas , y que este año, en medio de la fuerte crisis económica que nos atenaza, pero con mayor dureza a los que menos tienen, tengamos una ocasión para verificar la calidad de nuestra fe, a través de la colecta solidaria. Ojalá que « cantemos al amor de los amores » y demostremos ese amor en una cercanía profunda a los demás.