Cojón de mico
Esas moscas con cojón de mico se plantarán en los muros de morrillo y ladrillón de Puerta Castillo, templo y cárcel... ambos acojonaban, la iglesia por fea y la cárcel por lóbrega, calabozo medieval, ventanos de palmo y medio, mazmorra empotrada en los cubos de la muralla. Por allí pasaron desde el hermano de Enrique IV, antes de que éste le sacara los ojos, guzmanes y comuneros, afrancesados, hedillistas de la Guerra Civil, rojos del frente norte... y toda la suerte habitual de criminales, mangutas, delincuentes y tipos de cruel estofa. Debería haberse conservado en su guisa secular, museo del horror, un mal ejemplo a no seguir, pero enterraron esa cárcel en la cuneta del tiempo para convertirla en archivo histórico, mira qué gracia y paradoja. Como cárcel la conocí en mi camino diario a la escuela viendo cada día cómo desembarcaban allí detenidos, gitanería con cacerolas, cordadas de quinquis, tipos de occipucio montao, señal de creminalidá nativa ... El zumo de todo su pasado y del papelote que hoy acumula es lo que ha debido atraer a esas moscas que acuden siempre a lo que se descompone. Las cagadas les chiflan y tres mil moscas (como las de Arroyo) nunca se equivocan: la mierda es buena... En un archivo se guardan muchas verdades muertas, mentiras con escarapela y una historia fósil puesta en estantería. El olor a podre que ello desprende debió atraer a esas moscas y el burgomaestre de esta centimetrópolis es el que ha de colocarlas después de sacar en vano su lengua a pacer. Media ciudad está abiertamente en contra (la otra también y calla). La decisión de instalar esta obra es arbitraria y capricho dictador, por lo que exige la ciudadanía que al artista ofrecido se le aplique sanción y una reprensión pública que afee estas conductas de corromper la mínima decencia democrática... amén de girarle la tasa establecida por ocupación de espacio público (¡y en exclusiva!) con mercancías de su comercio artístico, haciendo del lugar su galería particular, la misma tasa que pagan verduleras de mercado, mercadillos, quincalleros de rastro y ambulantes... qué menos... y si no pagare, retíresele la mercancía. Si a dedo y al dictado se plantará el estaribel, ¿le quedaría a la ciudad el derecho de retirada o sustitución?...