Diario de León
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Cada día su afán José-Román Flecha Andrés

En su tercera encíclica «Caritas in veritate», Benedicto XVI ha dedicado una amplia atención a los graves aspectos que hoy presenta la cuestión social. Pero nunca ha olvidado la dimensión trascendente del ser humano. Al contrario, ha repetido que sin prestarle atención no es posible promover un desarrollo integral. Al final de la encíclica se ofrecen siete pensamientos tan «religiosos» como humanos.

1. «Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es» (CV 78) . La técnica le ayuda a aprender el cómo se ha de manejar el mundo, pero no le desvela los últimos porqués. Y, sobre todo, no le revela la honda verdad de sí mismo, que solamente le es revelada por el mismo Dios.

2. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero» (CV 78). La conciencia de la paternidad de Dios no nos cierra en el egoísmo: nos ayuda a vivir como hijos y como hermanos.

3. «La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano » (CV 78). El prometeísmo de la cultura contemporánea no sólo ignora el verdadero rostro de Dios, sino que olvida la vocación solidaria del ser humano.

4. « El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos » (CV 78). Nuestras preocupaciones inmediatas son justas y legítimas, pero no pueden agotar la vocación final a la que hemos sido llamados. La satisfacción no equivale a la felicidad.

5. «Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande» (CV 78). Dios no nos dispensa del esfuerzo ni nos aleja de los hombres. Al contrario nos llama a vivir en paz y justicia en la familia humana.

6. El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate , del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don» (CV 79). Nuestro trabajo es precedido, acompañado y coronado por la gracia y la misericordia que trascienden nuestras fuerzas.

7. «El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como -˜Padre nuestro-™» (CV 79). La oración que Jesús nos enseñó no nos cierra en un intimismo narcisista, sino que nos abre al amor de Dios en el que se cifra el bien de toda la familia humana.

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